
¿Cómo convertir una pequeña tienda de golosinas de apenas 28 metros cuadrados en uno de los locales más singulares de la ciudad y todo un éxito comercial?
El milagro ocurrió poco antes del verano en Barcelona, en la calle Els Arcs, muy cerquita de la catedral. Una zona sin centros educativos y sin apenas público infantil pero ¿quién dijo que las chucherías son cosa de niños?
Los diseñadores del estudio M fueron los culpables y para ello lo primero que hicieron fue dar una vuelta al producto y convertir el pequeño comercio en la farmacia más deseada.
