
Una de las cosas que más detesto del avance de la tecnología es que poco a poco se va perdiendo la maravillosa costumbre de escribir a mano, y sobre todo, a pluma. Concretamente las estilográficas son instrumentos maravillosos que pueden llegar a considerarse pequeñas joyas en algunos casos, y es una lástima que cada vez se vayan desterrando más y más.
Sin embargo, aquellos que todavía nos resistimos a dejar de lado la escritura manual tenemos en la pluma Fjader un ejemplo asequible de precio y de diseño fantástico. Al estilo de las plumas de finales del siglo XIX, ensanchada en la parte inferior y más fina en el cuerpo, pesa sólo 10 gramos e incluye una base en la que dejarla descansar.
