
Todos los que habéis ido alguna vez de camping y habéis dormido en un saco de dormir sabréis lo incómodo que puede acabar resultando.
No hay cosa que más fastidie que darse cuenta de que olvidaste algo y tener que volver a salir, cuando ya te habías acomodado dentro de tu saco. Y qué decir de la sensación de despertarte a la mañana aprisionado con todo ese trozo de tela gigante dando vueltas sobre tu cuerpo.
