
Muchas veces son avisos pequeños que aparecen cuando el coche sigue funcionando, y por eso se dejan pasar
Luis Miguel García, de 62 años, lleva casi medio siglo entre motores y desde 1995 al frente de Talleres Dagauto, el taller familiar que abrió con su mujer en Alcalá de Henares. Su experiencia encuentra ahora un altavoz en 'A pie de taller', el proyecto que comparte con su hija, la periodista Lara García Pozo, para acercar la realidad de un oficio "tan imprescindible como, a menudo, incomprendido".
La tesis de García rompe la intuición del conductor: la batería que falla en Navidad suele estar herida desde agosto. Es una lectura de oficio, pero detrás hay un sistema documentado por la DGT, AECA-ITV, los fabricantes de baterías y los clubes de asistencia europea.
El laboratorio del verano
Según publicó La Vanguardia, García empezó a trabajar con apenas 16 años y ahora compagina el taller con un proyecto de divulgación familiar. El proyecto 'A pie de taller', nació en 2023 para contar desde dentro lo que pasa en un garage; padre mecánico e hija periodista traducen el oficio para un público que ya no se entiende con el coche que conduce.
Las averías que García ve llegar cuando sube el termómetro son las mismas que cualquier taller español reconoce en temporada: radiadores que pierden, manguitos deteriorados, bombas de agua que dejan de funcionar, termostatos que fallan, aires acondicionados averiados bajo la presión del verano. "El asfalto alcanza temperaturas muy altas", recuerda el mecánico, "y si no están en buen estado o llevan una presión incorrecta, sufren mucho más". La frase es de taller; el dato, sin embargo, lo tiene la industria.
En concreto, la nota técnica de Bridgestone sobre temperaturas estivales y neumáticos sitúa el valor óptimo de funcionamiento del neumático "en torno a los 60 grados" y advierte de que la presión de inflado varía con la temperatura: a más calor, más presión, pero también más desgaste si el neumático circula por debajo de lo recomendado. Según la petrolera Moeve, el asfalto en un día caluroso puede superar los 60 °C y someter al neumático a "un estrés térmico considerable". Es decir, el aviso del taller y el aviso del fabricante apuntan al mismo punto.
La batería que muere en diciembre
Aquí está el giro. La batería siempre se ha relacionado con el frío (y con razón, porque el motor cuesta más de arrancar), pero el desgaste que la mata suele haber empezado meses antes. "Las altas temperaturas aceleran el deterioro interno de la batería y reducen su vida útil", sostiene García, que lo ha visto durante décadas: "cuando llega el frío y una batería falla, muchas veces el problema empezó durante el verano".
Lo singular es que la química lo confirma. La revista Tráfico y Seguridad Vial de la DGT ya advirtió en 2021 de que "el calor de la época estival puede causar un deterioro prematuro de la batería". Según VARTA, la batería está diseñada para funcionar de forma óptima en torno a los 25 °C, y por cada 10 °C por encima de ese umbral su vida útil puede reducirse a la mitad. El dato, recogido también por Xataka Movilidad, convierte la intuición del mecánico en un patrón medido.
¿La consecuencia? La batería nueva que un conductor estrenó en primavera puede estar descargándose "a marchas forzadas" si el coche pasa el verano aparcado a pleno sol, donde el motor alcanza con facilidad los 50 °C. VARTA recuerda, además, que las estadísticas del club automovilístico alemán ADAC —el equivalente europeo del RACE— identifican la batería como la causa principal de avería en carretera.
Avisos que se dejan pasar
Antes de la avería, dice García, casi siempre hay un aviso que el conductor pasa por alto. La temperatura del motor sube más de lo normal, el aire acondicionado enfría menos, aparece un olor extraño o una pequeña fuga de refrigerante. También cuando el electroventilador funciona continuamente. "Muchas veces son avisos pequeños que aparecen en un momento en el que el coche todavía sigue funcionando, y por eso se dejan pasar", admite. Pero si se atienden a tiempo, pueden evitar una avería mucho más seria.
La avería que más le preocupa cuando un coche entra por la puerta del taller en agosto es el sobrecalentamiento del motor. Empieza con una fuga pequeña o con una bomba de agua que está empezando a fallar. El conductor puede pensar que no pasa nada y seguir circulando, pero si el motor trabaja sin refrigeración adecuada, el problema se multiplica: lo que podía ser una reparación sencilla acaba siendo una avería importante.
Según El País en su repaso a las averías por ola de calor, un sobrecalentamiento puede provocar "desde daños en la junta de culata hasta deformaciones internas del bloque motor", con facturas que en pocos casos son pequeñas. La pieza del medio especializado enlaza con la del taller: la explicación técnica es la misma, solo cambia el altavoz.
El arcén de agosto
El aviso de García —"que no espere a que el coche le obligue a parar"— no es retórica de taller. Es, en realidad, lo que las cifras de asistencia vienen contando desde hace años. Un estudio de Autoclub Mutua detalla con datos de 2025 que las asistencias estivales en España se han más que duplicado en una década, al pasar de 219.000 en 2016 a más de 500.000 en 2025. La distribución del verano pasado es elocuente: 38,1% mecánicas y de motor; 34,2% arranque o batería; 17,5% neumáticos. La batería, los neumáticos y el sistema de refrigeración son los tres puntos negros que más sufren con el termómetro al alza.
Según la asociación de estaciones ITV, AECA-ITV, el calor extremo "dispara el riesgo de averías en carretera" al comprometer neumáticos, frenos, batería y sistema de refrigeración. El portal técnico Infotaller lo pone negro sobre blanco: el calor duplica las averías en carretera, con fallos mecánicos (40%) y eléctricos (34%) a la cabeza. Y el distribuidor Recomotor, citado en el mismo informe de La Sexta, cifra en torno al 35% el repunte de reparaciones vinculadas al calor en julio y agosto frente a la media anual; el alza estimada es del 40% en radiadores, del 28% en compresores de aire acondicionado y del 22% en baterías.
Detrás hay una razón estructural que el mecánico intuye y la estadística confirma. La edad media del parque automovilínquico español ha subido hasta los 14,6 años, y casi el 30% de los vehículos supera ya las dos décadas, según el informe de Anfac e Ideauto recogido por La Sexta. El coche viejo acumula dos fragilidades a la vez: la de los años y la de un verano que se ha vuelto más largo y más cálido. Ahora bien, ningún aviso institucional sustituye al gesto cotidiano de abrir el capó.
Una avería de estación
La escena que cuenta García tiene algo de fábula de oficio: un mecánico de 62 años, casi medio siglo entre motores, sentencia que la batería sufre más por el calor que por el frío.
Lo que el mecánico describe por experiencia es, en realidad, el laboratorio al aire libre de un parque móvil que envejece bajo un verano que no perdona.
Foto de Newpowa en Unsplash | La Vanguardia
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