
Conservar ese glow en la piel que deja el verano después de las vacaciones es más sencillo de lo que parece
El bronceado se va, la rutina aprieta, el aire acondicionado reseca. Septiembre es el mes en el que la piel pide auxilio y el maquillaje, casi siempre, responde con más maquillaje. Marta Arce, codirectora creativa de U/1ST, lo tiene claro: peor plan imposible.
La base que arrastras desde julio ya no es tu base. Es la de alguien que ya no eres tú, con un tono que ya no tienes. Aquí te contamos por qué soltar la base de verano es la primera (y casi única) regla del otoño.
El error de septiembre es soltar la base (a destiempo)
Aceptémoslo: cuando la piel se ve más apagada, el reflejo casi universal es cargar más producto. Más cobertura, más base, más corrector. "Intentamos sustituir el glow natural del verano con más cobertura. Empezamos a sentir que la piel está más apagada y respondemos añadiendo más base o más producto, y el resultado suele ser justamente el contrario", remarca Arce, recogida por Semana. Ese exceso uniformiza la piel y se carga las variaciones de color que, paradójicamente, son las que transmiten frescura.
Pero el error más habitual no es ese. Es el anterior: seguir con la base del verano. "Uno de los errores más habituales es seguir utilizando la base que llevábamos en verano. Lo que mejor funciona es volver poco a poco a nuestro tono real y recuperar la calidez con bronzer o blush. La base debe igualar el tono actual de nuestra piel, no el que teníamos hace un mes", añade la experta. Dicho así suena a perogrullada, pero cuesta horrores aplicarlo. La razón es tan-simple-como-terca: el tono de septiembre no es el de agosto, y maquillarse con un color que ya no te pega produce exactamente el efecto máscara que tanto se intenta evitar.
¿Y por qué la piel pierde luz tan rápido en cuanto termina el verano? Aquí la experta pone el dedo en la llaga: "La exposición solar, el calor y el aire acondicionado pueden favorecer cierta deshidratación, y una piel deshidratada siempre refleja menos la luz". Lo segundo es ya casi un lugar común dermatológico: el aire acondicionado reduce la humedad ambiental y dispara la pérdida transepidérmica de agua, según explica la dermatóloga Natalia Jiménez. Lo corrobora punto por punto Andrea Combalia en Elle: el AC seca la piel más de lo que crees, y la oficina es el primer sospechoso.
Blush y bronzer: los dos productos que salvan la cara
Si la base se aligera, algo tiene que devolver el color. Ahí entran los dos productos que Arce no soltaría ni en agosto.
El primero es el colorete, que en los últimos años ha dejado de ser un complemento para convertirse en el centro del gesto. Durante años el blush estuvo relegado a un segundo plano en favor de la base; ahora ocupa el lugar que le toca. "Para mí, el blush es probablemente uno de los productos que más fácilmente aportan frescura y juventud. Cuando desaparece el tono del verano, el rostro pierde parte de sus variaciones naturales de color. El blush devuelve inmediatamente esa sensación de vida, circulación y frescura. Es uno de los gestos más rápidos y eficaces para recuperar el efecto buena cara", confirma la experta.
Y el bronzer no va a la zanja. La regla de aplicación es más sutil de lo que parece: "Aplicar un toque de bronzer suave en sienes y pómulos combinado con un colorete cálido suele resultar mucho más favorecedor y natural que oscurecer toda la base varios tonos. La piel debe seguir pareciendo tu piel", completa. O sea, nada de oscurecer la base para fingir bronceado residual: eso es justo lo que se carga la naturalidad. La combinación de los dos productos en sienes y pómulos es, en la práctica, lo que en 2025 se bautizó como blonzing, el cruce de blush y bronzer que arrasó en TikTok y que la propia Arce explicaba en ABC.
El iluminador, por su parte, ha bajado el volumen. Ya no se trata de brillar, sino de devolver dimensión. "Generalmente basta con iluminar la parte alta del pómulo, el lagrimal y el arco de Cupido. No se trata de añadir brillo sin más, sino de devolver dimensión al rostro. Podemos conseguirlo fácilmente con una piel bien hidratada, un toque de blush y algo de luz en puntos concretos", resalta. Tres puntos, ni uno más.
Menos materia, más hidratación (y rutina corta)
El gran cambio del maquillaje reciente no es de color, es de textura. "Las que más favorecen son las texturas ligeras, luminosas y flexibles. Cuando la piel está cansada suele agradecer menos materia y más hidratación", resalta la especialista. Por eso los skin tints y las fórmulas híbridas con ácido hialurónico o niacinamida se han comido el mercado del maquillaje: cubren lo justo, tratan de paso y evitan el efecto máscara. La piel cansada no quiere pigmento denso, quiere agua.
Arce lo resume en una rutina que cabe en cinco gestos: "Limpieza ligera y emoliente, una base ligera sólo donde sea necesaria, blush en crema en la parte alta del pómulo, un toque de máscara transparente sobre cejas y pestañas y labios hidratados con color. Son pocos pasos, pero suficientes para devolver vida al rostro", concluye. "La clave para alargar el efecto buena cara no está en intentar conservar el bronceado a cualquier precio, sino en mantener la piel hidratada, luminosa y respetar el color que tiene en cada momento", finaliza.
Dicho de otro modo: el bronceado de agosto es ya cosa del verano. La piel de septiembre es la única que hay que maquillar.
Fotos de @JLo
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