Los arquitectos lo dejan muy claro: "Poner papel de aluminio en las ventanas es una solución de emergencia contra el calor, pero protegerlas por fuera siempre es más eficaz"

Los Arquitectos Lo Dejan Muy Claro Poner Papel De Aluminio En Las Ventanas Es Una Solucion De Emergencia Contra El Calor Pero Protegerlas Por Fuera Siempre Es Mas Eficaz

No sólo es la cuestión de la temperatura interna, también cuentas los factores ambientales de afuera

Cada ola de calor convierte las fachadas europeas en un escenario repetido: ventanas cubiertas de papel de aluminio por dentro, brillando como si los edificios se hubieran vuelto gigantescos envoltios de comida para llevar. El truco gana adeptos cada verano entre quienes quieren bajar la temperatura de casa sin instalar aire acondicionado.

Pero cuando se le pregunta a quienes diseñan edificios de verdad, la respuesta es casi unánime: sirve para un apuro puntual, pero su eficacia depende de un detalle que casi todo el mundo hace mal.

Por dentro o por fuera: ahí está la trampa

La diferencia es abismal. Según Vincent Parasie, arquitecto francés con estudio en Barcelona, esta práctica es una "solución de emergencia, económica y superficial", útil para un pico de calor pero lejos de ser una estrategia seria frente al aumento de las temperaturas. Por su parte, Lourdes Treviño, fundadora del estudio madrileño Freehand Arquitectura, lo pone así: "Es como cuando nos ponemos un sombrero para protegernos del sol: si además ese sombrero está térmicamente preparado, protege todavía más".

La comparación del sombrero resulta clave para entender por qué el aluminio funciona de forma tan distinta según dónde lo coloques. Puesto en la cara exterior del cristal, el papel actúa como un espejo térmico capaz de reflejar en torno al 95% de la radiación solar antes de que toque el vidrio, algo que respalda la literatura científica sobre las propiedades reflectantes del aluminio. Es decir: el calor ni siquiera llega a entrar. (Por cierto, el original hablaba de hasta un 98%, pero las fuentes más fiables para el aluminio doméstico lo sitúan entre el 95% y el 97%; el 98% corresponde a pinturas reflectantes especiales, no al rollo de cocina.)

Foto de Xataka

La mayoría lo pega por dentro, que es justo lo que hace más gente por pura comodidad. Y ése es el error. La radiación solar ya ha atravesado el cristal antes de chocar con el aluminio, así que el calor queda atrapado entre ambas superficies mediante un efecto invernadero que puede terminar acumulando más temperatura en la habitación en lugar de reducirla. Y no sólo eso: esa diferencia de temperatura entre el aluminio y el vidrio puede provocar tensiones térmicas capaces de agrietar ventanas de doble acristalamiento que ya tengan algún desperfecto, algo que también confirman los físicos en foros especializados.

Además, el aluminio sólo bloquea la radiación directa. No resuelve otros mecanismos por los que el calor se cuela en una vivienda, como la conducción a través de muros mal aislados o la ausencia de ventilación cruzada durante las horas frescas.

Lo que funciona de verdad

Frente al parche de aluminio, los arquitectos coinciden en recomendar protecciones que se instalen por fuera: toldos, persianas exteriores, contraventanas o lamas orientables que se regulen según la posición del sol. el IDAE recomienda bajar toldos y cerrar persianas durante las horas de sol como una de las medidas más eficaces contra el sobrecalentamiento. Y los datos cuadran: según Onda Cero, los toldos exteriores pueden bajar la temperatura interior entre 2 y 15 grados y ahorrar entre un 30% y un 50% en aire acondicionado.

También apuestan por soluciones más permanentes: doble acristalamiento con control solar, mejor aislamiento de fachada y el hábito de ventilar la casa de madrugada o a primera hora de la mañana, cuando el aire exterior todavía está fresco.

Por supuesto, el propio aluminio tiene una limitación que pocos mencionan: no resiste el viento, la lluvia ni la exposición solar continuada, así que incluso como parche de emergencia hay que revisarlo y cambiarlo con frecuencia.

Al final, el consenso es clarísimo. Sirve para pasar una tarde de calor extremo sin gastar dinero, pero no sustituye a una protección solar externa y pensada para durar todo el verano. Que es, al final, lo que te dicen los que saben.

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