Un experto en aire acondicionado lo confirma: "Para que no suba la factura, no hay que bajar el termostato a 20 o 21 grados, sino buscar estabilidad"

Un Experto En Aire Acondicionado Lo Confirma Para Que No Suba La Factura No Hay Que Bajar El Termostato A 20 O 21 Grados Sino Buscar Estabilidad

El ingeniero Roger Gasull, director técnico de Mercadomotika, desgrana cómo combinar climatización, ventiladores y soluciones tradicionales sin disparar el consumo

Seguramente en más de una ocasión te has descubierto bajando el termostato del aire acondicionado a 20 grados pensando que así la casa se enfriará antes, y es que llevamos años asociando el confort de verano a una máquina cada vez más potente, cuando lo que de verdad marca la diferencia es la vivienda entera, según recoge Interiores en una conversación con el ingeniero Roger Gasull, director técnico y de producción de Mercadomotika, compañía especializada en instalaciones integrales para proyectos de construcción y espacios profesionales.

Estabilidad, no frío. La regla que repite Gasull es tan sencilla como incómoda para quien busca frescor inmediato: una temperatura entre 24 y 26 grados ofrece un equilibrio razonable entre confort y consumo, mientras que bajar el termostato a 20 o 21 grados no aporta más bienestar y sí dispara el gasto energético.

La idea es mantener la casa estable durante las horas de ocupación, y no enfriarla a marchas forzadas cuando ya se ha convertido en un horno. Lo realmente caro es esperar a que la vivienda se sobrecaliente y exigir después al sistema que recupere una temperatura aceptable, por ello el ingeniero insiste en que el indicador correcto es la capacidad de la vivienda para mantener el confort con la menor demanda posible, una idea que entronca con la evolución de la normativa española y con estándares como Passivhaus, según los cuales cuanto menos calor entra en una vivienda, menos energía hace falta para mantener el confort.

El ingeniero resume la filosofía con una frase que vale para cualquier vivienda, tenga o no aire acondicionado: "el verdadero lujo no consiste en sentir frío en verano, sino en sentirse bien sin pensar constantemente en la climatización". La mejor energía, añade, es la que no hay que consumir, y por eso la forma más eficiente de refrescar una casa empieza por la propia vivienda, con una buena orientación, una envolvente eficiente, una protección solar adecuada y unos hábitos coherentes que permitan reducir enormemente la necesidad de climatización.

Passivhaus, el estándar de construcción pasiva desarrollado en Alemania a finales de los años ochenta, lleva décadas demostrando que una envolvente bien diseñada puede mantener una vivienda confortable con un consumo energético mínimo, una filosofía que poco a poco va calando en la normativa española de edificación y que apuesta por el aislamiento, el control solar y la estanqueidad como pilares básicos.

El cóctel que sí funciona. Si lo tuyo es abrir ventanas de par en par cuando el sol aprieta, tienes que saber que el confort moderno se entiende como un sistema y no como un aparato, y es que la climatización actual ya no consiste en instalar una máquina cada vez más potente, sino en combinar herramientas para que cada una haga lo que mejor sabe hacer.

El aire acondicionado controla la temperatura y parte de la humedad, el ventilador mejora la sensación térmica mediante el movimiento del aire y la ventilación natural permite aprovechar las condiciones exteriores cuando son favorables. Cuando estos elementos trabajan juntos, como una orquesta, se obtiene más confort con menos energía, y esa visión integrada es hacia donde se dirige la edificación contemporánea.

El ventilador de techo, en particular, es uno de los sistemas más infravalorados del hogar. No reduce la temperatura del aire, pero sí favorece la evaporación natural sobre la piel y permite reducir la necesidad de refrigeración activa, un aliado que encuentra su límite en las noches tropicales o cuando una ola de calor aprieta de verdad.

El error más habitual, apunta Gasull, es pensar que el confort depende exclusivamente de la temperatura que marca el termostato. El ser humano percibe el ambiente a través de muchos factores, como la humedad, el movimiento del aire, la radiación que emiten las superficies, la calidad del aire interior o incluso la uniformidad térmica de los espacios, y por eso quien baja una y otra vez el termostato buscando más confort muchas veces está intentando solucionar un problema que no es de temperatura.

Lo que ya sabían las abuelas. Si bien la tecnología ha avanzado, las estrategias que vinculamos con la arquitectura bioclimática llevan siglos presentes en la arquitectura popular mediterránea, y es que patios, porches, contraventanas, persianas o toldos nacieron para responder al clima local mucho antes de que existiera la climatización mecánica.

Mantener las persianas bajadas durante las horas de máxima radiación, ventilar a primera hora de la mañana para aprovechar el frescor nocturno y abrir ventanas en orientaciones opuestas para generar corrientes de aire son gestos que siguen siendo eficaces. Bajar los toldos durante las horas de mayor exposición solar permite reducir la temperatura interior del edificio entre cuatro y cinco grados, según recoge Decoesfera en trendencias.com, una cifra nada desdeñable cuando de lo que se trata es de no encender el aire acondicionado.

La ventilación cruzada, una de las estrategias más elegantes que existen, aprovecha un recurso gratuito como es el movimiento natural del aire. Aunque no existan ventanas directamente enfrentadas, muchas veces es posible generar recorridos mediante una adecuada distribución interior o aprovechando variaciones de altura en la misma fachada, porque la vivienda también respira y el diseño puede facilitar o impedir esa respiración.

Gasull habla de "redescubrir la inteligencia climática de nuestros antepasados", porque la innovación consiste también en recuperar conocimientos que habían quedado en segundo plano y reinterpretarlos con las herramientas disponibles. La belleza, concluye, empieza a medirse también por cómo se comporta una vivienda.

El diagnóstico, antes que el aparato. En casas pequeñas, donde el calor se concentra rápido y la ventilación no siempre acompaña, Gasull recomienda hacer antes un ejercicio de diagnóstico, porque muchas veces tendemos a añadir tecnología cuando todavía no hemos entendido cómo se comporta la vivienda.

El futuro, dice el ingeniero, pertenece a las viviendas que necesiten menos energía y a los equipos capaces de ofrecer más confort consumiendo menos, porque los fabricantes siguen invirtiendo en innovación y sostenibilidad, y los equipos actuales son mucho más eficientes que hace apenas una década en el mercado español actual.

Vamos a pasar de una cultura del aire acondicionado a una cultura del confort, y esa diferencia es enorme, porque dejará de tratarse de enfriar el aire para pasar a diseñar viviendas capaces de convivir inteligentemente con el clima que viene, con edificios más eficientes y equipos más sostenibles actualmente.

A veces se plantea el debate como si hubiera que elegir entre diseño pasivo o aire acondicionado, una visión equivocada, según Gasull, porque no vamos a dejar de necesitar climatización en un contexto de veranos cada vez más duros. La buena noticia es que los equipos actuales son cada vez más eficientes y los fabricantes siguen invirtiendo en innovación y sostenibilidad para responder a este nuevo escenario climático.

Foto de Lotus Design N Print en Unsplash

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