
La ciencia le da la razón en el desayuno y le sobra camino: 7.000 pasos al día bastan para el gran beneficio, según el metaanálisis de Lancet Public Health
Karlos Arguiñano lleva más de tres décadas despertando a media España con una sartén delante, pero su día arranca mucho antes de encender un fuego. Recién hecho los 78 años, sigue grabando a diario, se levanta a las 06:30 y desayuna siempre lo mismo.
Su primera comida no admite sorpresas: "me levanto a las 6:30 horas de la mañana y desayuno un café con leche, un trozo de pan con aceite de oliva virgen extra y una fruta", según recoge ABC Gente.
Después del café toca la parte gimnástica: 45 minutos de tabla de gimnasia y estiramientos nada más salir de la cama, con la elasticidad como meta, y luego lo grande: 10 kilómetros a pie por la playa o los montes de Zarautz, una hora y media a buen ritmo, sin auriculares y sin nadie al lado. "Todos los días camino 10 kilómetros, solo y en silencio", resume el cocinero en el texto de ABC.
El paseo, según ha contado, sirve para ordenar ideas y darle vueltas a recetas. Que nadie imagine al chef encendido desde el minuto uno: él mismo confiesa que hasta las 10:00 es "un zombi" por la casa, hasta que el desayuno hace efecto.
¿Y ese café de las seis y media, vicio o vitamina? La respuesta oficial le sonríe: lo fija la EFSA desde 2015, afirmando que hasta 400 miligramos de cafeína al día no suponen problema serio para un adulto sano, unas cinco tazas de café. El café con leche de Arguiñano ni roza el techo.
Con el pan y el aceite, la cosa tiene más truco: la base es sólida (la grasa monoinsaturada del AOVE es de lo mejorcito del menú), pero el clásico español tiene detractores. La nutricionista Elena Garrido, que lo contó en Trendencias en agosto, avisa de que con harina refinada el desayuno pierde densidad nutricional y el cuerpo vive de picos: "solo estamos teniendo picos de azúcar", dice, con su bajada por debajo de lo normal dos horas después. Su parche: proteína y vegetales en la tostada, porque "la gente desayuna postre", remata en el mismo reportaje el doctor Gerardo Ochoa.
El plan, en realidad, vale para casi todo el mundo con dos ajustes. Quien vigile sus picos de glucosa, que mire el pan antes que el café: la harina refinada, explica Garrido, se comporta como azúcar aunque encima haya una grasa saludable. Integral en vez de blanca, y la fruta entera (con su fibra) en vez de exprimida.
Ahora bien, ¿los 10 kilómetros? Lo curioso es que el chef camina bastante más de lo que la ciencia considera rentable: una revisión publicada en Lancet Public Health en julio de 2025, con 57 estudios, concluye que las grandes mejoras llegan con 7.000 pasos diarios: 47% menos de riesgo de muerte por cualquier causa frente a los 2.000 del sedentario medio.
Es decir: la constancia pesa más que la épica. En el análisis por edades, el beneficio cardiovascular de los mayores de 65 años asienta cerca de los 5.400 pasos. El chef, con los suyos, va sobrado. El resto lleva la cuenta en el móvil, sin playa de por medio.
Para que te hagas una idea de lo replicable que es el método Arguiñano: la mitad fácil del plan es justo la que promete el titular. Café con leche, pan con aceite de oliva y fruta de temporada caben en cualquier cocina a primera hora de cualquier día. Los 10 kilómetros son cosa del chef. El objetivo práctico, el que fija la ciencia, se queda en 7.000 pasos.
Fotos de @karguinano
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