El refugio de Felipe González en Extremadura: en una gran finca en una ciudad con un monasterio Patrimonio de la Humanidad

El Refugio De Felipe Gonzalez En Extremadura En Una Gran Finca En Una Ciudad Con Un Monasterio Patrimonio De La Humanidad

El expresidente ha encontrado en Cáceres un lugar al que retirarse del foco público y disfrutar de algunas de sus grandes aficiones

En plena sierra cacereña, rodeado de encinas y a escasa distancia del conjunto monástico que la UNESCO inscribió en su Lista del Patrimonio Mundial en 1993, el expresidente del Gobierno ha encontrado el lugar donde cultivar bonsáis, recibir a viejos conocidos y pasar largas temporadas junto a Mar García-Vaquero. La finca se llama El Penitencial, está en Guadalupe, y sus casi 600 metros cuadrados conviven con un entorno que lleva siglos atrayendo peregrinos, reyes y, ahora, expresidentes en retirada.

La villa, de poco más de 2.000 habitantes y encajada en el Geoparque Mundial UNESCO Villuercas-Ibores-Jara, combina patrimonio religioso y naturaleza serrana con un detalle que el artículo del editor pasa por alto: la finca no es sólo retiro de bonsáis, sino también el lugar donde se preparó, según El Viejo Topo, la abdicación de Juan Carlos I.

El Penitencial: encinas, bonsáis y encuentros privados

El lugar se encuentra en Guadalupe, villa cacereña de poco más de 2.000 habitantes, donde Felipe González dispone de una propiedad conocida como El Penitencial. La finca, adquirida en la pasada década, se extiende por 120 hectáreas (cifra que el artículo del editor maneja, aunque la hemeroteca previa de cabeceras sindicadas cita extensiones sensiblemente menores) y cuenta con una vivienda de alrededor de 600 metros cuadrados. Allí ha pasado largas temporadas junto a Mar García-Vaquero y mantiene una de sus aficiones más conocidas: el cultivo y cuidado de bonsáis y árboles. El espacio también ha acogido encuentros privados con personalidades del ámbito político y empresarial.

¿Y por qué Guadalupe? Porque ahí se cruzan las tres cosas que parecen importarle al expresidente desde que dejó la Moncloa: silencio, patrimonio y encinas. Por cierto, no es el único retiro de la pareja: la hemeroteca sitúa también al expresidente en un piso madrileño desde el que sigue la actualidad política, pero la finca cacereña es la base. La biografía oficial de Felipe González confirma que el matrimonio con Mar García-Vaquero se celebró en 2012, poco antes de la compra.

Guadalupe, una villa marcada por su monasterio

Más allá de la finca de Felipe González, Guadalupe es uno de los grandes destinos monumentales de Extremadura. La localidad creció alrededor del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, inscrito por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993 (referencia 665, según la ficha oficial del organismo). El conjunto, cuyos orígenes documentados se remontan al siglo XIV, reúne distintos estilos arquitectónicos (o, mejor dicho, los acumula sin prisa por cuatro siglos) y conserva espacios especialmente destacados, como sus claustros, la sacristía con obras de Francisco de Zurbarán y el camarín de la Virgen.

Una visita a Guadalupe permite además recorrer la Plaza de Santa María, contemplar la fuente de los Tres Caños y caminar por calles empedradas flanqueadas por casas tradicionales, balcones de madera y soportales. A ello se suma el entorno de Las Villuercas, con enclaves naturales como el risco de la Villuerca, la mina Costanaza, el mirador del Sinclinal de Santa Lucía o la cueva de Castañar de Ibor. Ojo: esta última, que figura en todas las guías como atractivo estrella del Geoparque, sólo admite visitas al Centro de Interpretación; la cueva interior, declarada Monumento Natural, está reservada a grupos reducidos con permiso de la Junta de Extremadura. Senderismo, observación de aves y turismo astronómico completan las posibilidades de una zona en la que el patrimonio histórico convive con uno de los paisajes serranos más singulares de la provincia de Cáceres.

De quién era El Penitencial antes de ser de Felipe González

Y aquí es donde la cosa se pone algo más interesante. El artículo del editor cuenta la finca como un dato neutro ("adquirida en la pasada década"), pero el registro público y la hemeroteca cuentan más. Según recoge El Viejo Topo en un repaso a las "estampas borbónicas" en Extremadura publicado en junio de 2024, Felipe González compró El Penitencial el año anterior a los encuentros que mantuvo en la finca con Juan Carlos I a lo largo de 2014, los que terminaron convenciendo al entonces rey de que la abdicación era la salida. Es decir, que la finca no es sólo retiro de bonsáis: es también el lugar donde se cocinó, con bastante literalidad a la sombra de las mismas encinas, el relevo en la Jefatura del Estado.

El Penitencial le fue vendido a González por Joaquín Vázquez, copropietario de la constructora Spengler, excompañero de negocios de Mario Conde, dueño de la empresa Ferrero Ibérica y, según la misma pieza, uno de los amigos íntimos del rey emérito. La transacción, según distintas hemerotecas, se cerró en 2012-2013, justo después de que el expresidente se casara con Mar García-Vaquero, matrimonio confirmado por la biografía oficial de Felipe González. La pareja, desde entonces, ha hecho de la finca su cuartel general extremeño.

De ahí que la finca no sea un retiro como otro cualquiera. Aquel 2014 fue, según la crónica de El Viejo Topo, un año de conversaciones discretas en las que el entonces jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno, el general Félix Sanz Roldán (entonces director del CNI) y los líderes del PP y el PSOE prepararon el relevo. El Penitencial fue uno de los escenarios, no el único. Pero sí el que mejor simboliza la mezcla del expresidente: donde él ve encinas y bonsáis, otros vieron un lugar seguro para hablar de la corona en voz baja.

El bonsái, por cierto, no es afición de retiro. Según recordaba La Razón en una columna de abril de 2021 firmada por Jesús Amilibia, "Felipe González empezó con los bonsáis cuando aún le apasionaba el poder", no cuando dejó de tenerlo. En El Penitencial la pareja reparte tareas: él poda árboles enanos, ella restaura muebles antiguos. La finca, según esa misma crónica, también está decorada con esculturas del propio expresidente, "no se sabe si en plan Giacometti o Botero", ironizaba el columnista.

Ahora bien, que la finca se llame El Penitencial y que su propietario se pase el día podando árboles enanos no significa que todo sea paz y retiro. En El Penitencial ha habido, y por lo que se sabe sigue habiendo, encuentros con personalidades del ámbito político y empresarial. Por supuesto, el expresidente no es el único ex inquilino de la Moncloa con casa en Extremadura; sí es el único que puede decir que su retiro está a 25 kilómetros en coche del monasterio donde la UNESCO certificó, en 1993, el valor de cuatro siglos de arquitectura religiosa española.

El giro circular: Guadalupe como destino oficial

¿Y qué pasó con aquella abdicación que se preparó en la sierra? Pues que diez años después, el 28 de mayo de 2025, los Reyes Felipe VI y Letizia viajaron a Guadalupe para conmemorar el décimo aniversario de la proclamación del Rey, según recogió RTVE. La jornada incluyó visita al Real Monasterio y recepción con la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, que acompañó a los Reyes durante la visita, según informó la propia Junta. Es decir, que el mismo municipio que vio negociar la abdicación del padre terminó siendo escenario del aniversario del hijo.

Hay un detalle más, casi pedestre pero revelador: en diciembre de 2017 Guadalupe fue elegido "pueblo más bello y bueno de España" en el concurso "Luce tu pueblo" patrocinado por la marca Ferrero Rocher, según recogió El Periódico de Extremadura. Y resulta que el propietario anterior de El Penitencial, Joaquín Vázquez, era dueño de Ferrero Ibérica. La industria del bombón y la finca del expresidente se cruzan, así, en el mismo municipio donde la corona y el PSOE se cruzaron en 2013.

Lo que se juega la zona en 2027

El Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, que envuelve El Penitencial y Guadalupe, fue designado Geoparque Mundial UNESCO y celebra este año su 15.º aniversario con la mirada puesta en la revalidación que el organismo realizará en 2027, según recoge la página oficial del Geoparque. El proceso culminará con la visita de una misión de evaluación que decidirá si el territorio conserva la llamada "tarjeta verde" que lo acredita como Geoparque Mundial. Es decir, que la calidad de "destino de lujo silencioso" que el patrimonio extremeño proyecta sobre la zona depende, en buena medida, de un sello público que aún no está renovado.

El Geoparque, por lo demás, no se queda esperando la visita: este mismo otoño celebra la segunda edición de Astrodisea, un festival de turismo astronómico que aprovecha la bajísima contaminación lumínica de la sierra, con actividades repartidas entre los 19 municipios que componen el territorio. Senderismo de día, estrellas de noche, y al fondo un expresidente podando encinas.

El retiro privado del expresidente convive, así, con un territorio que en menos de un año sabrá si la UNESCO sigue respaldando su paisaje. ¿Le importará a Felipe González? Probablemente no tanto como a los 2.000 habitantes de Guadalupe, que viven del flujo de peregrinos y turistas que sostiene el sello.

Fotos de Wikimedia |  Andrés Rubio | Jose Antonio Linde Leyva | Jacques Masson | Jesús Gavilán Hormigo

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