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El precio de estar a la última en tecnología (II)

El precio de estar a la última en tecnología (II)
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En la primera parte ya hablamos de los neófitos: adictos a la tecnología y a cualquier avance que el Marketíng, siempre un paso por delante, les tenga preparado. Pero también existe el otro lado de la moneda: los analfabetos tecnológicos.

No les interesa la tecnología lo más mínimo, ni tienen ningún interés en aprender nada porque no lo necesitan (y es verdad) pero siguen al rebaño porque sencillamente ellos también quieren tener lo último.

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Un amigo que trabaja en una conocida cadena de electrónica de consumo, me decía que muchos de sus clientes no saben qué es un sistema operativo.

Mucho menos qué son los núcleos del microprocesador, la memoria caché o las revoluciones a las que gira el disco duro.

Pero ello no es motivo para escatimar. El diseño más futurista o el precio más elevado será finalmente la razón de mayor peso para su elección.

Luego, me comenta, son los usuarios que más problemas dan. Frecuentemente necesitan la ayuda de un técnico que les instale un programa o lo devuelven porque sencillamente no saben usarlo.

Hasta el punto en que tuvo un gran número de devoluciones de netbooks con Linux ya que la gente, simplemente, no sabía lo que había comprado.

También me hacen mucha gracia los fanboys de algunas marcas. Algunos harían cola por comprar cualquier chisme que lleve el logo de la compañía, aunque no sirva para nada.

Eso sí, siempre que tenga una sólida construcción de aluminio,cristal o fibra de carbono. Y un elaborado empaquetado que nos permita grabar un bonito unboxing que colgar en YouTube para envidia de los de nuestra misma especie.

Ahora en serio. Hoy en día casi nadie se cree que, por poner un ejemplo, el escalado de precios de las diferentes gamas de procesadores responda en la misma proporción a los costes de producción, sino que son pura estrategia de marketing.

Esto mismo se aplica prácticamente a cualquier gama de productos. Se trata de tener una abanico suficientemente amplio como para aprovechar al máximo el “¿cuánto estás dispuesto a gastarte?”

Pondré un ejemplo que leí en el fantástico libro “las trampas del deseo” de Dan Ariely. Quien explica que, para potenciar las ventas del plato más caro de un restaurante, no hay nada mejor que poner un plato todavía más caro. Poca gente lo comprará, pero en comparación, el que antes era el más caro ahora parecerá una mejor elección.

El ser humano a veces no actúa de forma racional.

En Ahorro Diario | El precio de estar a la última en tecnología (I)

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