
Allí ha disfrutado de varias escapadas junto a sus hijos, Milan y Sasha
La villa de La Gaviota, en pleno Parque Natural de Oyambre y a unos diez minutos en coche de San Vicente de la Barquera y Comillas, lleva años funcionando como refugio discreto de Shakira y de sus hijos, Milan y Sasha.
La casa se alquila desde 2.000 euros la noche en la web de la agencia que la gestiona; el paisaje que la rodea, en cambio, es espacio protegido por ley desde 1988 y no está en el mercado.
Lo del paraíso intacto, como recoge el reportaje de Trendencias, tiene su truco.
¿Qué es exactamente La Gaviota?
Una casa al pie de la arena que se ha convertido en el escondite cántabro de la artista colombiana cuando la gira mundial le deja una tregua. La ficha de la villa en la web de la agencia Wishome la describe con lupa: siete dormitorios y ocho cuartos de baño completos, jardín privado, terraza, huerta ecológica, concierge, limpieza diaria y acceso privado a la playa de Oyambre, con vistas que alcanzan el Cantábrico y los Picos de Europa. Añádele un dormitorio infantil con seis literas y cama nido y entenderás por qué esta casa está pensada para familias con hijos pequeños (y con razón). Para el tamaño del grupo, el catálogo de la propia agencia da hasta 32 huéspedes.
El caso tiene recorrido. El verano de 2021 lo destapó un fotógrafo local: pilló a la cantante y a Gerard Piqué practicando surf en la playa de Oyambre y se montó la de San Quintín, con El Comercio y ABC haciéndose amplio eco del rifirrafe con el séquito. Un año después, El Diario Montañés ya situaba a la artista en La Gaviota, y hay quien la considera desde entonces su casa oficial en Cantabria. Es decir: el refugio no es un descubrimiento de este verano, sino una relación de casi media década.
¿El motivo? La playa que tiene a los pies.
La playa de Oyambre suma cerca de dos kilómetros de arena dorada entre un cordón dunar protegido y un oleaje que los surfistas persiguen desde hace décadas, hasta el punto de que la propia ficha de la villa desliza que National Geographic la eligió entre las 25 mejores playas de España. El remate del paisaje lo ponen la Ría de la Rabia y la Ría del Capitán, dos humedales donde descansan aves migratorias que viajan entre el norte de Europa y África, y el Monte Corona, uno de los mayores encinares litorales de Cantabria, con senderos entre encinas y robles y praderas costeras donde, en los días despejados, el Cantábrico comparte cartel con los Picos de Europa. Todo protegido.
¿Y qué hay a un paso?
En apenas diez minutos tienes dos de los pueblos con más encanto del norte, tal como apunta el reportaje original. Hacia un lado, San Vicente de la Barquera: castillo medieval, iglesia de Santa María de los Ángeles y uno de los puertos pesqueros más pintorescos de la región. Hacia el otro, Comillas, con El Capricho de Gaudí (con un nombre que le viene al caso), el Palacio de Sobrellano y la antigua Universidad Pontificia.
A la hora de comer, los clásicos: arroces y pescados en El Pájaro Amarillo, sorropotún —el guiso marinero de bonito que es la firma de la villa— en Las Redes, o raciones de marisco, anchoas y rabas en El Carel y La Aldea. Para baños más tranquilos, las playas de Gerra y Merón; para excursión larga, Picos de Europa, la cueva de El Soplao o Santillana del Mar, todas a menos de una hora. No es casualidad que Trendencias ya metiera San Vicente de la Barquera en su lista de 35 escapadas románticas por España para hacer en pareja.
Un paraíso con escritura.
Quizás suene a guerra perdida de los años ochenta, pero ese es el episodio que explica que hoy exista parque. Las dunas y la playa de Oyambre tuvieron sobre la mesa proyectos urbanizadores que amenazaban con cubrirlas de chalés; la presión popular que se desencadenó entonces culminó con la Ley de Cantabria 4/1988, de 26 de octubre, que declaró Oyambre parque natural, como precisa el portal de turismo del Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera.
El espacio suma hoy 5.758 hectáreas repartidas entre cinco municipios —San Vicente de la Barquera, Val de San Vicente, Valdáliga, Comillas y Udías, que son uno más de los que citaba el reportaje original— y un plan especial que limita las viviendas nuevas a los entornos de los núcleos urbanos ya existentes, tal como documenta la ficha de Wikipedia del parque natural de Oyambre. Es más: la urbanización de chalets de lujo proyectada junto al campo de golf acabó condenada a demolerse, como repasaba Cantabria Económica a finales de 2023.
¿Y el lujo se rindió?
No. Cambió de método. Cuarenta años después, el lujo ha vuelto a la misma orilla con otra arma: el alquiler vacacional de alta gama. La agencia que gestiona La Gaviota mantiene en Cantabria un catálogo entero de villas de gama alta: junto a La Gaviota operan La Península, en Pechón —3.000 metros cuadrados de casa en un mirador sobre el mar, con acceso directo a una cala propia y también desde 2.000 euros la noche—, El Acantilado, que reparte seis dormitorios para hasta 16 huéspedes en un saliente sobre el mar con piscina infinity, o propiedades con nombres tan explícitos como Rumoroso, La Bendita o La Ballena. Eso sin contar los servicios de gama The Collection: concierge dedicado, recogida de maletas desde el punto de origen y cesta de bienvenida con productos locales de temporada, según desglosa el propio catálogo. A la demanda se suma la del entorno inmediato: El Capricho de Gaudí recibió la friolera de 200.000 visitas el año pasado, según avanzó Europa Press a comienzos del verano.
¿Y el parque, visitable?
Mientras tanto, sí, y gratis. Forma parte de la Red Natura 2000 —el lugar de importancia comunitaria Rías Occidentales y Duna de Oyambre, recoge Wikipedia—, donde se puede caminar entre marismas y dunas, recorrer los senderos del Monte Corona y quedarse de censo con las aves: cerceta común, correlimos común, zarapito real o cormorán moñudo, este último reproductor en la zona junto a la gaviota patiamarilla, según recoge la misma ficha. Los acantilados y las praderías, de paso, regalan algunos de los miradores más agradecidos del litoral occidental cántabro. De ahí que cualquier cosa que hagamos por aquí, con poco más que botas y prismáticos, se pague sin concierge y sin factura.
De momento, la web de La Gaviota sigue mostrando calendario disponible para quien pueda pagarlo, y el parque sigue siendo el de las mismas 5.758 hectáreas que alguien tuvo que arrancar por ley. La gran pregunta que queda botando en la costa es… ¿cuántas noches de 2.000 euros aguanta una playa que una vez se salvó, precisamente, de que la urbanizaran?
Fotos de Nacho Del Aguila | @Shakira
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