
La actriz y profesora siciliana explicó cuáles son sus sencillas rutinas alimenticias para ser centenaria
A sus 101 años, la siciliana Renata Pucci di Benisichi cuenta que no sabe cocinar y que sale a cenar fuera todas las noches. La dieta, contada con llaneza de baronesa, levantaría la ceja en cualquier consulta de nutrición; la longevidad, no obstante, encaja con un patrón que la ciencia lleva años documentando.
¿Quién es Renata? Una siciliana de Petralia Sottana, nacida el 3 de septiembre de 1924, baronesa, doctora en Lengua y Literaturas Extranjeras por la Orientale di Nápoles y, durante años, profesora de literatura inglesa en la Universidad de Palermo, sin embargo, su historial académico queda un poco de lado cuando lo que más llama la atención dé su vida es su longevidad: 101 años y el secreto que, según ella, la ha llevado a cumplir un siglo de edad.
¿Qué come? Poco, y lo dice sin remilgo. "No sé cocinar nada. Por la mañana, a las nueve, desayuno con té y un cornetto caldo. Al almuerzo, pasta con judías o con salsa, y galletas saladas con queso Philadelphia y mermelada o fruta. Por la noche, siempre salgo."
Renata, lista de lo que echará de menos: "Bajar las escaleras, comer una arancina, salir por la tarde, ir en coche." El refrito español traduce "mangiare un'arancina" como "comer una naranja". La arancina, sin embargo, no es fruta: es el bocado frito de arroz relleno, emblema de la cocina callejera siciliana, que se come con los dedos en los bares de Palermo a media mañana. Lo que Renata llora no es una pieza de fruta; es un pedazo de su ciudad.
¿Y la cena? Cada noche, una de dos: el círculo Bellini, "un poco sofisticado", o el Circolo dell'Unione. Si no, cine. Si no, pizza de mozzarella y tomate. "Siempre", desliza al Corriere. A los 101. La cosa llama la atención porque la entrevista no es la crónica de una centenaria anónima: el Corriere della Sera habla con una mujer con columna de bon ton en el Giornale di Sicilia, programa de televisión propio en la emisora palermitana CTS y un libro publicado con Sellerio en 2015, Per un buon uso della vecchiaia.
La escala italiana y la española
Al 1 de enero de 2024 había en Italia la friolera de 22.552 centenarios residentes, según el Istituto Nazionale di Statistica: un 30% más que diez años antes. El 81% son mujeres. Y la cifra ha seguido subiendo: al 1 de enero de 2025, Italia superaba ya los 23.000 centenarios, según la actualización del Istat recogida por ANSA.
¿La española? Cifras parecidas, proporciones idénticas. El Instituto Nacional de Estadística contabilizaba 16.902 personas de 100 años o más al 1 de enero de 2024, y ABC detallaba que 2.110 españoles cumplieron cien años sólo en 2024, de los que el 84% eran mujeres. Galicia, con diferencia, lidera el ranking. Y España tuvo, hasta agosto de 2024, a la persona más longeva verificada del mundo: la catalano-americana Maria Branyas Morera, fallecida a los 117 años y 168 días.
Zonas Azules y dieta mediterránea
Es lo que el periodista Dan Buettner catalogó hace años como Zonas Azules: cinco regiones del mundo (Cerdeña, Okinawa, Nicoya en Costa Rica, Loma Linda en California e Icaria) donde se llega a los 100 a una tasa diez veces superior a la de Estados Unidos. El equipo de Buettner identificó lo que llamó "Power 9": movimiento cotidiano (no necesariamente deporte, movimiento), propósito (saber por qué te levantas), reducción del estrés, ingestión moderada ("hara hachi bu", parar al 80% de la saciedad, en la fórmula okinawense), dieta de base vegetal, y, sobre todo, familia, comunidad y círculo social correcto.
La conexión social, recalca la Harvard Health, es uno de los predictores más sólidos de longevidad en personas mayores: ayuda a conservar memoria y pensar con claridad, y frena el declive cognitivo que suele acompañar a la soledad. No es lo que comes. Es con quién.
¿Coincide Renata con la dieta mediterránea? En parte. Pasta, judías, pan (en su caso, croissant), poca carne, fruta: el esqueleto de su almuerzo se parece al que el estudio PREDIMED, dirigido por Miguel Ángel Martínez-González en la Universidad de Navarra, blinda como protector cardiovascular en el primer ensayo clínico aleatorizado sobre la dieta mediterránea.
Y al que la Universidad de Harvard añadió en junio de 2024 un seguimiento de 25 años a más de 25.000 mujeres: las que seguían el patrón mediterráneo vivían más (una cuarta parte menos de riesgo de muerte).
El matiz: Renata come croissant, Philadelphia, mermelada, pizza y cena fuera cada noche. No es la dieta óptima; y, sin embargo, allí está, con 101 años, bajando las escaleras de su palacio, quedando con amigos en el Bellini o en el Unione y yendo al cine. Lo que el caso sugiere, es que la longevidad es un cóctel, no un menú: lo que comes pesa, pero con quién comes, por qué te levantas, cuánto te mueves y qué genética trajiste pesa tanto o más.
Imágenes | Evgeniy Alekseyev | Corriere
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