El refugio de Rozalén (40 años) es el 'pueblo de las cascadas' al que ha vuelto a vivir tras frenar su carrera: 'Necesito estar en mi pueblo, con la gente que quiero'

El Refugio De Rozalen 40 Anos Es El Pueblo De Las Cascadas Al Que Ha Vuelto A Vivir Tras Frenar Su Carrera Necesito Estar En Mi Pueblo Con La Gente Que Quiero

Tras quince años, casi 700 conciertos y un Goya, Rozalén ha hecho lo que pocos se atreven en pleno éxito: parar, y volver al pueblo albaceteño donde se crió

Tras quince años, casi 700 conciertos y un Goya, Rozalén ha hecho lo que pocos se atreven en pleno éxito: parar, y volver a Letur, el pueblo albaceteño donde se crió y donde todo empezó.

A partir del 1 de enero de 2026 colgó los escenarios sin fecha de vuelta. El destino no es Madrid ni Albacete capital: es Letur, encajado en la Sierra del Segura y conocido como el "pueblo de las cascadas".

El vídeo del anuncio no duraba ni tres minutos y lo cambió todo. A principios de diciembre, Rozalén se sentó ante la cámara del móvil para decir que paraba. Quería, explicó, "parar, descansar, reflexionar, masticar y digerir" lo vivido. Y soltó lo que casi nadie dice desde el escenario: "Estoy feliz, estoy orgullosa, pero también siento mucho, mucho agotamiento emocional".

¿Y quién es la que suelta semejante bomba? Hablamos de una de las voces más respetadas de la música española: Premio Goya a la Mejor Canción Original, Premio Nacional de las Músicas Actuales, cinco nominaciones a los Latin Grammy, seis discos y un debut teatral encarnando a Chavela Vargas (según su web oficial). Y, sin embargo, lo que pedía no era un escenario más grande, sino lo contrario. "Necesito estar en casa, en mi pueblo, con la gente que quiero y a la que no he dedicado el tiempo suficiente", dijo. Ese pueblo tiene nombre: es Letur, el llamado "pueblo de las cascadas", un municipio diminuto de la Sierra del Segura al que ha vuelto a vivir y donde, medio año después, su descanso sigue activo.

Por qué Letur

Para entender por qué Letur, hay que remontarse a antes de que existiera Rozalén. Su padre, Cristóbal, llegó al pueblo en los años setenta como sacerdote, procedente de Balazote (según recoge Viajar). Allí conoció a Angelita, una joven que cantaba copla y a la que en toda la comarca conocían como Angelita de Letur. Él colgó los hábitos por amor; de aquella historia nacieron una familia y una vocación. La propia artista lo ha resumido con una imagen difícil de mejorar: se crió en Letur, el pueblo de su madre, escuchándola cantar desde la cuna. La música no le llegó después; le llegó de casa.

El pueblo que la formó es de los que se ganan a la primera curva. El caserío trepa escalonado por la ladera, con calles estrechas y empinadas, coronado por un castillo de origen islámico y por la iglesia de la Asunción. A sus puertas se abre el Parque Natural de los Calares, todo pinares, ramblas y barrancos. Es uno de los rincones más hermosos del sureste manchego, y Rozalén nunca lo ha tratado como un decorado de postal: lleva años peleando por él. Su festival, LeturAlma, nació para plantar cara a la despoblación rural y ha convertido a este pueblo de apenas un millar de habitantes en un punto de encuentro musical cada verano.

Por eso su regreso, ahora, pesa más. El 29 de octubre de 2024, una DANA de 2024 arrasó Letur. Seis vecinos perdieron la vida en la riada, que además destrozó el casco histórico del municipio. Un año después, el pueblo volvió a reunirse en la Plaza Mayor, bajo la lluvia, para recordarlos. No es casualidad que Rozalén haya decidido frenar y estar cerca justo cuando su pueblo sigue reconstruyéndose. Su vuelta no es un gesto turístico; es estar donde toca.

Qué hacer en Letur

Quien ha visto a Rozalén llenar un teatro sabe el ritmo que eso exige: promoción, giras, focos, redes, el cuerpo siempre en marcha. Lo que buscaba al parar era exactamente lo que Letur le ofrece y un escenario no: silencio. En su anuncio lo enumeró casi como una receta. Quería "viajar sin trabajar", recuperar el silencio, devorar libros y volver sin presiones, guiándose sólo por sus emociones. Y dejó una frase que funciona como brújula de toda la decisión: "Parar también es una forma de seguir".

Aquí, lejos de los focos, no es una artista premiada (según su biografía pública, nació en Albacete en 1986 y cumple 40 este año): es la hija de Angelita, una vecina más que baja a por el pan y saluda por la calle. Cuando le preguntaron si el silencio era definitivo, lo descartó de plano: "No, por favor, qué va", y prefirió no marcarse plazos. "Me queda este mes y después no sé qué va a pasar, y me encanta no saber qué va a pasar", dijo entonces. Incluso defendió a otras compañeras que han frenado, como India Martínez, con una naturalidad reveladora: "Es normal. Nuestra profesión es igual que la de todos".

En verano, esa vida cotidiana tiene un epicentro: el Charco Pataco, una zona de baño natural con cascadas, cuevas y puentes en pleno casco urbano, donde el agua baja fría aun en agosto. Letur no esconde sus heridas ni su problema de fondo, el mismo que Rozalén combate desde hace años: el de los pueblos que se vacían. Quien venga lo notará. Pero verá también un sitio vivo, terco, que se niega a desaparecer.

Cómo llegar y qué comer

Se llega bien desde Albacete capital, por la A-30 y carreteras comarcales, en algo más de hora y media; desde Murcia, frontera natural de la comarca, se tarda algo menos. Si vienes en coche, baja en la parte alta y déjate caer a pie por las callejas. Lo imprescindible: el Charco Pataco con sus cascadas y cuevas, el castillo medieval que corona el pueblo, la iglesia de la Asunción y, a las puertas, el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, para quien quiera caminar de verdad.

La cocina es de sierra, contundente y honesta. El plato fuerte es el gazpacho manchego, también llamado galiano: nada que ver con el andaluz frío, sino un guiso de caza que se come sobre torta cenceña. A su lado, el ajoharina, los embutidos artesanos serranos y el cordero segureño, seña de identidad de toda la comarca. Una advertencia necesaria: dado el impacto de la DANA en la actividad del pueblo, conviene confirmar antes del viaje qué establecimientos están operativos. Y un apunte que aquí no es retórico: comer y gastar en Letur es, hoy, una forma directa de echar una mano en su recuperación.

Rozalén lo dijo a su manera, sin grandilocuencia: se va a tomar su "descanso de la guerrera". Que ese descanso sea precisamente aquí, y precisamente ahora, dice tanto de ella como de Letur.

Fotos de Antonio Lopez | Rozalen | Helvi Henriksen | Ana Marin |  Raúl Pérez Merchán

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