Después de haber disputado la gran cita con la selección española en la Copa del Mundo de la FIFA, Marc Cucurella, uno de los grandes protagonistas del partido, tiene todo el derecho de perderse del mundo, y lo hace en el pueblo de Alella, en pleno Maresme, donde nació hace 27 años, y entre viñedos milenarios, masías señoriales y una de las DO más antiguas de España encuentra la calma el futbolista cada vez que el calendario se lo permite.
Un paraíso entre mar, viñedos y un retablo secreto de Gaudí
¿Y qué tiene Alella para que Cucurella no se despegue del pueblo? A un lado aparece el Mediterráneo. Al otro, la Cordillera Litoral que protege un paisaje de bosques, caminos y viñas. Entre medias, un casco histórico que ha sabido conservar gran parte de su identidad: las antiguas masías, las casas señoriales y los edificios modernistas conviven con pequeñas plazas y calles tranquilas que recuerdan el origen agrícola de la localidad. La cosa combina montaña y mar en apenas unos kilómetros, lo que convierte al municipio en uno de los rincones más singulares de la provincia de Barcelona.
Lo más singular, eso sí, está dentro de la iglesia de Sant Feliu. Este templo, de origen románico y transformado a lo largo de los siglos, guarda un curioso detalle: el retablo de la capilla del Santísimo Sacramento fue diseñado por Antoni Gaudí en 1883, una de las obras menos conocidas del arquitecto catalán (y, sin embargo, documentada desde hace décadas).
Muy cerca también merece la pena detenerse en edificios históricos como Can Marquès o la Casa del Marquès de Alella, ejemplos del patrimonio señorial que todavía caracteriza buena parte del municipio.
La DO más pequeña y antigua, con cooperativa de 1906
Pero si hay algo que identifica a Alella desde hace siglos es el vino. La localidad da nombre a una de las denominaciones de origen más antiguas y también más pequeñas de España, una tradición vitivinícola que comenzó hace más de dos mil años.
Según el pliego de condiciones del Ministerio de Agricultura, la DOP Alella es de las más antiguas de la Península, un rango más amplio que el del titular (que se queda en España). Ya en época romana los vinos de estas tierras viajaban en ánforas hacia distintos puntos del Imperio, y siglos después siguieron ocupando un lugar destacado en las mesas de la nobleza catalana.
La mejor forma de descubrir esta tradición es visitar Alella Vinícola, la cooperativa fundada en 1906 (sí, hace ya 120 años) que ofrece recorridos por sus instalaciones, catas guiadas y la posibilidad de conocer cómo se elaboran los característicos vinos blancos que han dado fama internacional a esta denominación de origen.
Más allá de los viñedos, Alella también es un excelente destino para quienes disfrutan del turismo activo, puerta de entrada al Parque de la Serralada de Marina y al Parque de la Cordillera Litoral, dos espacios protegidos atravesados por senderos que recorren bosques mediterráneos, miradores y antiguas pistas forestales. Desde muchos de estos caminos se obtienen vistas espectaculares sobre la costa del Maresme, y quienes prefieran terminar la jornada junto al agua encontrarán muy cerca algunas de las playas más tranquilas del litoral barcelonés.
Aunque el vino sigue siendo su principal seña de identidad, Alella ha sabido evolucionar sin perder su esencia. Su patrimonio histórico, el paisaje de viñedos, la cercanía con Barcelona y un ambiente tranquilo hacen que cada vez más viajeros descubran este municipio del Maresme como una alternativa diferente a los destinos más concurridos de la costa catalana.
No es casualidad que Cucurella siga regresando siempre que su calendario se lo permite. Alella continúa siendo ese lugar en el que comenzaron sus sueños como futbolista, y un destino que combina historia, naturaleza y una de las tradiciones vitivinícolas más antiguas de España.
Fotos de Jordi Davi | Tomasz Czerniawski | Pere Alzina i Bilbeny | Marc Cucurella
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