A hora y media de Madrid, cinco cascadas atraviesan el casco urbano de una villa alcarreña que ya retrató Camilo José Cela. Aquella "cola de caballo" del Nobel sigue ahí, y con ella un puente del siglo XVI y un balneario romano que bebe del Tajo.
Una tríada de agua, piedra e historia. Y ochenta años después, sigue dando que hablar.
El pueblo que Cela puso en el mapa
"Una hermosa cola de caballo, de unos quince o veinte metros de altura, de agua espumeante y rugidora." Así describía el escritor la cascada de El Chorreón de Trillo en su Viaje a la Alcarria, aquel librito de 1948 que recorrió la comarca a pie. La cifra: 15 metros de caída en saltos. Hoy el maestro sigue en su legado, pero la cascada sigue ahí, una de cinco, rodeada de naturaleza e historia impresionante.
Trillo se sitúa en la provincia de Guadalajara, en la comarca de La Alcarria, a 80 km de la capital. A hora y media en coche desde Madrid. El destino perfecto para una escapada huyendo del calor.
Las "aguas espumeantes" del Nobel son solo un bocado. El pueblo vive por y para el agua, enclavado en la zona de transición hacia el Parque Natural del Alto Tajo: cañones calizos, bosques de ribera, chopos y una vegetación que poco tiene que ver con la paramera seca que solemos asociar a la comarca.
El casco urbano, por cierto, está rodeado por el Tajo y el Cifuentes, que se abrazan en pleno centro en un baile de aguas que se mantiene a lo largo del año. Esa confluencia es, ni más ni menos, lo que dota al municipio de un espectáculo único.
Los tres pilares del agua
¿Qué encontrar? A escasos metros de desembocar en el Tajo, el río Cifuentes salta en una sucesión de cascadas integradas en el paisaje urbano. Entre todas, El Chorreón deja sin aliento, como un día se lo hizo al genio.
El puente. Sillería de piedra arenisca, origen medieval y arquitectura actual del siglo XVI. Una postal de Trillo, con su arco apuntado entre árboles y maleza. Punto estratégico militar: escenario de combates durante la Guerra de Sucesión Española y la Guerra de la Independencia, con voladuras parciales para frenar ejércitos.
El balneario. El Real Balneario de Carlos III, el llamado "alcalde de Madrid", es un termal de origen romano con propiedades terapéuticas que vio su esplendor con la llegada del monarca en 1778. Hoy recoge un complejo que sigue ofreciendo las aguas mineromedicinales del Tajo en un edén arbolado.
El monasterio. Las ruinas del Monasterio de Santa María de Óvila, cisterciense, fundado en 1186 por carta de Alfonso VIII. Junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (renacentista) y la Casa de los Molinos, completa la visita obligada para decir a conciencia que se ha conocido su historia.
Y para cerrar, cordero asado, cabrito, trucha fresca, carne de caza, migas alcarreñas, hartatunos y, de postre, la Miel de la Alcarria, orgullosa Denominación de Origen. Lo dejó escrito Cela y lo seguimos repitiendo: el agua, espumeante y rugidora, sigue mandando en Trillo. La pregunta queda botando: ¿volverá a pasar otro Nobel por aquí dentro de ochenta años?
Fotos de ALBERTO LABRADOR | Alberto Gòmez
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