Que el agua de tu piscina salga con ese azul de catálogo no es cuestión de suerte ni de la profundidad del vaso. Depende, sobre todo, de lo que pongas debajo del agua, y dos expertas lo han explicado con detalle y sus consejos caben en (casi) cualquier jardín. Vamos a por ellos.
Hay una creencia muy extendida según la cual el color del agua de una piscina lo decide el sol, o la profundidad, o esa mezcla de ambos que nadie sabe explicar muy bien. Pues no. Según recogen en Revista Interiores, la interiorista Eva Mariño y la especialista en tratamientos de piscinas María José Sánchez coinciden en lo esencial.
Los azulejos se eligen en coherencia con la casa, con sus materiales, sus colores y su estilo. Y si se hace bien, el agua se ve más natural y la piscina deja de parecer un añadido.
Porque la piscina, hoy, ya no es un extra de verano: arquitectos, interioristas y paisajistas la conciben como una prolongación natural de la vivienda, capaz de conectar el salón con el jardín y de reforzar el estilo de todo el conjunto. La pregunta es cómo se consigue eso en la práctica. Las dos tienen receta.
El color del agua se elige debajo
Sánchez, la especialista en tratamientos, lo dice sin rodeos: "El color del agua de una piscina depende del suelo y de las paredes que tengas". Es decir, que el turquesa de postal no lo pone el cielo: lo pone el revestimiento. Su primera recomendación es pensar qué sensación quieres transmitir antes de elegir gresite o azulejo.
El color se decide debajo. Si lo tuyo es un agua luminosa con aires tropicales, la receta es directa: "Si te gusta el mar de las Maldivas, utiliza el color turquesa claro". ¿Y si lo que quieres es salirse del guión? "Si te gusta ser diferente, utiliza el rojo o el dorado. Son colores que no se suelen ver", apunta.
También propone un verde bosque al que poca gente se atreve ("cuando le da el sol queda muy bien", explica) y, para los que sueñan con playas lejanas, otra instrucción exacta: "Si quieres tener la sensación de estar en Zanzíbar, sin duda tu color es el coral". Maldivas, Zanzíbar. El catálogo de colores viaja lejos.
¿Y el favorito de la propia experta? El gresite blanco perla, del que dice: "Me encanta porque el agua se ve súper cristalina y cuando le da el reflejo del sol queda espectacular". Además de potenciar la luminosidad, encaja especialmente bien en viviendas de estilo mediterráneo, contemporáneo o minimalista.
Y no es una manía sólo suya: la industria lo firma. Según la guía de Hisbalit, fabricante de mosaico vítreo, el color final del agua depende en gran parte del mosaico elegido, hasta el punto de que los tonos beige y arena son su opción recomendada para recrear playas de arena blanca y aguas cristalinas.
Pero hay un detalle práctico que conviene pesar antes de decidirse: desde Ezarri apuntan que el color del mosaico vítreo es permanente (sí, permanente permanente) y no pierde tono con el cloro, la sal ni el sol. Es decir, que el rojo que elijas va a ser rojo mucho tiempo. Elige con calma.
La piscina es casa, no parche
Del agua pasamos al conjunto. Mariño, que ya se ha sentado con la revista a hablar de las terrazas, ve un error una y otra vez: diseñar la vivienda y la piscina como dos proyectos independientes, para añadir el vaso al jardín cuando la obra ya está terminada.
La piscina, insiste, es una habitación más (con agua, eso sí) y parte de la arquitectura desde el primer día. Así es como el conjunto transmite armonía y gana una identidad coherente del interior al exterior.
"Tiene que responder a la forma de vivir la casa, a la arquitectura, al paisajismo, a los materiales y también a cómo se percibe visualmente toda la propiedad", resume. Cuando todos esos elementos dialogan entre sí, deja de ser un espacio aislado y pasa a ser una prolongación natural de la vivienda.
Y remata: "Realmente la piscina deja de ser piscina y pasa a formar parte de la vivienda. Esa continuidad es lo que hace que realmente todo tenga sentido". Por eso recomienda analizar el estilo de la casa y pensar cómo se va a usar el espacio durante todo el año, no sólo en julio, antes de elegir revestimiento o mobiliario.
Foto de Jason Gooljar en Unsplash
El otro tropiezo habitual está en la decoración del entorno: tumbonas, pérgolas, sombrillas y macetas acumuladas sin ningún criterio común, con resultado de mercadillo recargadísimo. Su apuesta es de manual: "Muchas veces menos es más". Un exceso de decoración, avisa, no siempre mejora el resultado.
Ahora bien, vaciar no vale sin planificar. "Antes de elegir el mobiliario o la decoración hay que entender cómo se va a utilizar ese espacio. Cuando cada zona tiene una función muy clara y todo mantiene el mismo hilo conductor, el resultado cambia completamente", detalla. Definir el uso de cada rincón antes de decorarlo es lo que separa un jardín bonito de un jardín cómodo de verdad.
Total, que el agua cristalina no se consigue deseando: se elige en el azulejo y se planea desde el principio, no al final de la obra. Por supuesto, puedes pedir el turquesa de Maldivas o el coral de Zanzíbar. Pero si tu casa es de piedra y lino, la piscina elegante será la que vaya vestida del mismo material. Lo demás es un charco con estilo ajeno.
Foto de Ferdinand Asakome en Unsplash
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