El estrés oxidativo que el sol desata en la piel no se neutraliza sólo con crema solar, y el farmacéutico Héctor Núñez, firma detrás del perfil Cosmetocrítico, lleva meses repitiéndolo en cuanta entrevista le cae. La fotoprotección, dice, necesita una segunda pata menos mediática que el SPF y que los dermatólogos españoles ya recetan a pacientes con melasma o antecedentes de cáncer cutáneo.
Esa pata es la antioxidación, tópica en sérum de mañana y, en casos concretos, oral mediante un helecho centroamericano llamado Polypodium leucotomos. Reunimos lo que dice la ciencia, qué pinta tiene en farmacia y por qué el verano es el momento de meterla en la rutina.
Pues sí, Núñez lleva semanas soltando la misma frase en distintos medios del grupo Webedia (Hola, Telva, El Economista, Xataka y en Trendencias,), y la frase es ésta, literal: "Si algo debería ser obligatorio en verano, además del fotoprotector, es usar antioxidantes". Sin matices. Sin "en su caso". Sin "consulte con su dermatólogo"… Obligatorio.
¿Y a qué se refiere, exactamente, con antioxidantes? Pues a esa familia de activos tópicos (vitamina C, vitamina E, ácido ferúlico, niacinamida, resveratrol y algunos carotenoides) que la cosmética clínica lleva años vendiendo como sérum de mañana.
Tomás Muret, experto en dermofarmacia del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, los enumera sin rubor como complemento razonable del SPF: la vitamina C, explica, participa en la síntesis de colágeno y reduce el daño asociado a la radiación UV; la E contribuye al mantenimiento de la barrera cutánea y suele combinarse con C y ácido ferúlico.
Ahora bien, ¿qué hace exactamente un antioxidante en la piel?
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Radicales libres, la explicación que falta en el escaparate
La radiación ultravioleta no se conforma con quemarte. También genera especies reactivas de oxígeno, altera los sistemas antioxidantes endógenos de la piel y puede provocar daño en el ADN, según recoge una revisión publicada en Actas Dermo-Sifiliográficas, la revista oficial de la AEDV fundada en 1909. Es decir, que bajo el eritema hay un segundo frente de batalla química: los radicales libres. Y la crema solar, por buena que sea, no lo cubre todo.
Aquí es donde entran los estudios que cita el propio Trendencias en su pieza. Una investigación publicada en el Journal of the American Academy of Dermatology observó que una formulación tópica con vitamina C, vitamina E y ácido ferúlico proporcionaba fotoprotección frente a distintos marcadores de daño provocado por radiación UV.
Otro estudio evaluó la combinación de vitamina C, ácido ferúlico y floretina y encontró una reducción de diferentes alteraciones producidas por la radiación ultravioleta, apoyando su papel como complemento (no como sustituto) de la fotoprotección. El matiz es importante: complemento, no sustituto.
Es decir, que la crema solar sigue marcando el paso de la rutina: el antioxidante llega como segundo escalón, no como sustituto.
La regla que no admite discusión
Por si quedaba duda: un antioxidante no sustituye al fotoprotector. La Academia Americana de Dermatología recomienda que las personas con melasma utilicen protección solar de amplio espectro, resistente al agua y con SPF 30 o superior, además de recurrir a sombra, ropa protectora y sombreros siempre que sea posible. En el caso de las manchas, además, recomienda prestar atención a la luz visible y optar por protectores solares con color que contengan óxidos de hierro.
Porque la luz visible (no sólo la UV) también pigmenta la piel. Y eso, en pieles con melasma, es una mala noticia que la crema solar transparente no ataja.
Renovadores: la tercera pata, de noche
Si los antioxidantes combaten el estrés oxidativo de día y el fotoprotector limita la radiación, los renovadores celulares juegan en otro frente: favorecer la renovación de la piel y mejorar progresivamente su textura y tono por la noche. Aquí entran los retinoides y los alfahidroxiácidos (AHA), que también cuentan con evidencia en el tratamiento del fotoenvejecimiento y las alteraciones de pigmentación.
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Los retinoides son especialmente interesantes porque, además de acelerar la renovación celular, actúan sobre procesos relacionados con el colágeno. Los expertos los consideran una opción para mejorar las irregularidades de pigmentación, la textura y las líneas finas. Los AHA, como el ácido glicólico o el láctico, funcionan mediante exfoliación química que ayuda a desprender las células de las capas más superficiales.
Ahora bien, que sean activos interesantes contra el fotoenvejecimiento no significa que haya que empezar a utilizarlos precisamente cuando llega el verano. Si nunca has usado retinoides o ácidos, el verano no es el momento ideal para estrenar una rutina agresiva: la irritación puede comprometer la barrera cutánea. Eso sí, para pieles ya acostumbradas, pueden formar parte de la rutina nocturna; para el resto, mejor reservarlos para otro momento del año.
La cifra que debería estar en el escaparate de la farmacia
Empecemos por el dato. En España se diagnosticaron 20.854 nuevos cánceres de piel en 2024, según las estimaciones de la Asociación Española Contra el Cáncer basadas en datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). De esos casos, casi 8.000 fueron melanomas cutáneos, el tipo más agresivo. Y la incidencia, además, sube un 1,1% cada año.
Es decir: España suma cada año más casos de cáncer de piel, y la fotoprotección tópica, por sí sola, no está frenando la curva. La cosa no es nueva, y la AEDV lo sabe. Ya en un documento de prensa titulado «Fotoprotección sin fotoprotectores», firmado por el Dr. Julián Conejo-Mir (jefe de servicio del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y entonces presidente de la AEDV), la Academia reconocía que el 39% de los usuarios de cremas antisolares sufrían quemaduras solares a pesar de usarlas, y advertía de que "la nueva protección solar abarca un abanico de estrategias" más allá del producto tópico. La afirmación no es de un medio de belleza: es de la corporación que agrupa a todos los dermatólogos españoles.
¿Qué significa eso en la práctica? Pues que la crema solar, por muy SPF 50+ que sea y por muy bien que se aplique, tiene un techo de eficacia cuando hablamos de protección poblacional. Y que el sistema sanitario lleva años buscando atajos sistémicos, no tópicos, para pacientes que necesitan más.
El helecho que se toma en pastilla
Aquí entra el Polypodium leucotomos, un helecho tropical centroamericano cuyo extracto se vende en España como complemento alimenticio y, en formulaciones específicas, como medicamento (Fernblock es la marca patentada que utiliza ISDIN en su producto oral, aunque hay otros laboratorios en el mismo mercado). ¿Qué hace? Pues, en términos llanos, ofrece fotoprotección sistémica: no se aplica sobre la piel, se toma, y desde dentro aumenta la resistencia de la piel a la radiación UV.
La evidencia es modesta pero real. Un estudio publicado en 2015 por la investigadora M.S. Nestor y sus colegas (disponible en PubMed) administró 240 mg de extracto de Polypodium leucotomos dos veces al día durante 60 días y concluyó que era "seguro y eficaz" para reducir los efectos dañinos de la radiación ultravioleta. Ciento once citas académicas posteriores le dan peso.
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Más relevante para España es el trabajo de Paula Aguilera y su equipo en la Unidad de Melanoma del Hospital Clínic de Barcelona, publicado en 2013. Aguilera evaluó el extracto oral de Polypodium leucotomos para mejorar la fotoprotección sistémica en pacientes de alto riesgo de cáncer de piel. El equipo observó que el tratamiento oral aumentaba significativamente la protección frente al daño UV inducido, preservando las células de Langerhans (las centinelas del sistema inmune cutáneo) y reduciendo la mutación del ADN. El estudio se cita hoy como referencia en dermatología oncológica española.
¿Y por qué un helecho centroamericano, y no una vitamina o un caroteno? Porque el Polypodium leucotomos lleva décadas de literatura detrás, primero en Centroamérica (donde se conoce como «calaguala») y luego en dermatología europea, sobre todo española. El equipo de Aguilera en el Clínic impulsó buena parte de la investigación clínica en piel humana; la marca patentada Fernblock, de laboratorios IFC, se apoya precisamente en extractos estandarizados del helecho y ha servido de base a buena parte de los ensayos publicados.
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Por supuesto, no es la única opción oral. La nicotinamida (vitamina B3) también acumula evidencia: el ensayo ONTRAC, publicado en The New England Journal of Medicine en 2015 por un equipo australiano liderado por Andrew Chen, administró 500 mg de nicotinamida dos veces al día a pacientes con cáncer de piel previo y observó una reducción del 23% en nuevos cánceres no melanoma y del 11-15% en queratoses actínicos. Ocho cientos setenta y siete citas académicas posteriores le dan peso. Pero el Polypodium es, hoy por hoy, el más estudiado de los fotoprotectores orales en dermatología española y el que el sistema sanitario nacional contempla con mayor naturalidad en consulta.
La vitamina C, mientras tanto, sigue con mala fama
Y mientras los dermatólogos del Clínic recetaban helechos a sus pacientes de riesgo, en redes seguía (y sigue) circulando el mito de que la vitamina C "mancha en verano". Falso. La vitamina C, aplicada correctamente, lo que hace es exactamente lo contrario: inhibe la tirosinasa (la enzima clave en la producción de melanina) y ayuda a difuminar las manchas existentes.
La hemeroteca del propio Trendencias lo desmonta desde hace años. En agosto de 2020, Patricia de la Torre firmaba una recopilación de nueve cremas solares faciales con alta protección y efecto antimanchas en la que ya defendía que la combinación de SPF y activos despigmentantes (vitamina C, astaxantina, thiamidol) era la dupla razonable para pieles con manchas. Un mes antes, en julio de ese mismo año, el medio publicaba otra selección de cremas faciales con protección solar SPF 50 rebajadas para la bolsa de playa.
¿Significa eso que deberías tomar Polypodium leucotomos este verano? Depende. Si tienes melasma severo, antecedentes de cáncer de piel o vas a pasar julio a pleno sol por profesión, probablemente merezca la pena preguntar a tu dermatólogo. Si eres una persona sin factores de riesgo que sale dos semanas de vacaciones, con el sérum antioxidante de mañana y el SPF 50 tienes bastante.
Lo que sí parece claro es que la frase de Núñez se queda corta cuando uno mira la fotoprotección como categoría y no como frasco. El antioxidante tópico es la pata visible, la que ya ha calado en redes. La pata oral, la que el Clínic de Barcelona lleva recetando una década a sus pacientes de melanoma, sigue siendo la mitad oculta de la historia.
Y mientras tanto, la incidencia de melanoma sigue subiendo un 1,1% al año en España.
Foto de portada | @cosmetocrítico y Mahdi Pourarab
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