Un masaje de un minuto en el cuero cabelludo mientras te aplicas el champú, con las yemas de los dedos y a intensidad suave-media, puede ayudar a que el pelo crezca mejor, según la farmacéutica y experta capilar Katrina Riera. De paso, destierra el mito de que lavarse mucho el pelo hace que se te caiga.
La escena es archiconocida: te enjuagas la cabeza, miras las manos y ahí está, la archiconocida maraña de pelos que se ha ido por el desagüe. Y la cabeza (la otra, la metafórica) empieza a hacer cuentas: si lavo menos, caerá menos, piensas. Pues no.
Encima, mientras tanto, estás dejando sobre la mesa el gesto de un minuto que los que saben consideran clave para el pelo.
Según ha contado Trendencias, la farmacéutica y experta capilar Katrina Riera recomienda masajear el cuero cabelludo durante al menos un minuto mientras te aplicas el champú, con las yemas de los dedos y a una intensidad entre suave y media. Un gesto que, apunta la experta, hace muy poca gente y que marca la diferencia en la salud capilar, crecimiento incluido.
Lavarse menos el pelo no hace que caiga menos: sólo lo aparenta
"El lavado no provoca la caída capilar: simplemente hace más visible el cabello que ya estaba en fase de desprendimiento. Por ello, la frecuencia debe adaptarse a las necesidades del cuero cabelludo y del tipo de cabello, manteniendo siempre una higiene adecuada", explica Riera.
Es decir, que los pelos del desagüe ya venían despedidos de antes: el lavado no los arranca, sólo los destapa. La Academia Española de Dermatología lo tiene explicado desde su Fundación Piel Sana: dejar de lavar el cabello no retrasa su caída, sólo acumula los pelos que iban a caer para que caigan todos a la vez en el siguiente lavado. Menos pelos en la ducha, sí. El mismo pelo cayendo, también.
¿Entonces lavárselo a diario? Por supuesto, e incluso a muchos cabellos les sienta mejor, apunta la experta. Lo que conviene vigilar es la temperatura, porque el agua demasiado caliente puede irritar el cuero cabelludo y eliminar parte de los lípidos que protegen e hidratan la fibra, favoreciendo la sequedad, la fragilidad y la descamación. Agua tibia y a otra cosa.
Eso sí: elegir champús y productos adaptados a cada necesidad del cabello, recuerda la farmacéutica, es clave para mantener una buena salud capilar. Ir a tiro hecho con el bote de siempre porque sí, no tanto.
Un minuto no es un protocolo clínico, pero no sale de la nada
El matiz: la versión exprés de Riera tiene detrás un experimento con más minutos y más paciencia. Un estudio japonés publicado en 2016 en la revista Eplasty pidió a sus participantes cuatro minutos diarios de masaje estandarizado en el cuero cabelludo durante 24 semanas. El resultado: el grosor del cabello subió de 0,085 a 0,092 milímetros. Siete centésimas de milímetro. Invisible a simple vista, medible en laboratorio.
¿Y cuántos participantes tenía? Nueve.
Sí, nueve hombres, que es más una pista que una prueba de oro, y lo medido fue el grosor, no el pelo nuevo. Pero la hipótesis encaja con lo que dice la experta: estirar las papilas dérmicas del folículo despierta la actividad en la zona. Y el masaje de ducha, además, trae tres beneficios que no necesitan artículo científico: arrastra mejor la grasa y los restos de producto, activa la microcirculación y baja el estrés, que nunca ha sido buen amigo del pelo.
Ojo con la técnica: las yemas de los dedos, nunca las uñas, y una intensidad entre suave y media para no irritar nada. Si te lavas con un champú de tratamiento o te aplicas una loción, hacer el masaje en ese momento favorece la distribución del producto y el contacto de los activos con el cuero cabelludo, remata Riera. Sencillísimo: el masaje se hace mientras el champú hace espuma.
Y es que la ducha no es el único frente. Dejarse el pelo húmedo durante horas (veraniego capricho, total) es un caldo de cultivo para los hongos del cuero cabelludo, y el pelo mojado es más elástico y menos resistente: un poco de secador, a distancia y a temperatura media, ayuda a que la fibra no se rompa tanto.
Foto de Anton Malanin en Unsplash
El secador y las planchas, por cierto, no provocan la caída capilar; achicharrar el cabello a máxima potencia es otro cantar. El peligro real está en el extremo contrario: dejarse de lavar el pelo es, como explicaba Xataka, carne de cultivo para que aparezcan hongos.
Así que la próxima vez que tengas el champú en la mano, ya sabes: un minuto de masaje con las yemas, agua tibia y cero miedo al grifo diario. Los pelos que estaban despedidos se irán igual, con o sin masaje. Lo que está en juego es el que queda.
Fotos | Oleskandra Biliack
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