El mármol sigue siendo la encimera que todos querríamos tener en las fotos de Instagram (y que pocos querrían limpiar después de dejar caer un chorrito de aceite sobre ella). Los datos del sector confirman que los profesionales ya le han dado la espalda: apenas uno de cada cuatro lo recomienda para la zona de cocción.
Lleva décadas siendo la protagonista de las revistas de interiorismo, la opción estrella de los programas de reformas y la promesa de toda cocina que se precie de tal. El mármol, con ese veteado imposible de replicar y ese brillo que hace que cualquier cocina parezca sacada de una película (de las de ricachos con vistas a Central Park, no de las de camareras con paredes de ladrillo visto), tiene algo que nos atrapa a todos. Es la belleza hecha piedra. Pero la belleza, como bien sabía el Dr. Frankenstein, tiene sus inconvenientes.
"No lo pongas en la cocina. Mejor, piénsatelo dos veces." Quien habla no es un decorador con delirios de grandeza ni un influencer que necesita contenido para el martes. Es David López, ingeniero constructor y fundador de Estudio López, y lo dice en uno de sus vídeos con la tranquilidad de quien ha visto demasiadas encimeras destrozadas por un chorrito de vino tinto que nadie limpió a tiempo. La pieza, que recoge Decoesfera, arranca con un reconocimiento: "El mármol es una piedra muy hermosa." El pero viene inmediatamente después.
Beauty is pain (y el limón, más)
El mármol es poroso. Muy poroso. Absorbe el vino como una esponja, el aceite como si tuviera sed, el zumo de limón como si fuera su misión vital. Y esas manchas, según López, "son propensas a que sean permanentes." Es decir, que la mancha de aceite que dejaste la noche de la paella puede quedar ahí más tiempo que el recuerdo de la propia paella. La porosidad hace que necesite más cuidados que otros materiales y que, con el paso del tiempo, muestre un desgaste que en una estancia donde se cocina, se corta y se manipulan alimentos a diario, resulta inevitable.
Frente al mármol, López recomienda dos alternativas principales: el cuarzo y el granito. Ambos aguantan mejor los arañazos, los golpes y las manchas, y necesitan menos mantenimiento. En el caso del granito, su dibujo natural "ayuda a disimular pequeñas imperfecciones derivadas del uso" (un eufemismo elegante para decir que si le das con la cuchilla por error no te queda la cicatriz grabada para siempre).
También menciona la cuarcita y la piedra sinterizada como opciones en auge, "más resistentes a las manchas y al desgaste diario." Su veredicto sobre el mármol: reservarlo para baños (una vez sellado), chimeneas y detalles decorativos en paredes.
Cuestión de grados (los de la escala Mohs)
Aquí es donde la cosa se pone técnica, pero os prometo que merece la pena (y que no voy a poneros a dibujar minerales). La dureza de las piedras se mide en la escala de Mohs, que va del 1 (talco, lo que usáis los que tenéis la piel sensible) al 10 (diamante, lo que no os podéis permitir). Pues bien: el mármol se queda en un modesto 3-4. El granito sube al 6-7. El cuarzo de ingeniería y la cuarcita llegan al 7, el mismo nivel que el acero ordinario. En términos prácticos: el cuchillo con el que picáis cebolla le hace al mármol lo que un mazazo le hace a un cristal. No es una batalla justa.
Y luego está la porosidad, que es donde el mármol pierde definitivamente la partida. Según la comparativa de Pulycort, el granito sin sellar absorbe líquidos y necesita un sellado con impregnante hidrofugante cada 12-18 meses. El cuarzo de ingeniería tiene una porosidad "prácticamente nula" y no requiere sellado. El mármol, con tasas de absorción de agua que pueden llegar al 0,5-1%, se sitúa en el extremo opuesto de la mesa. Y el detalle que menos os va a gustar: el limón no solo mancha el mármol, lo corroe. La acidez del cítrico reacciona con el carbonato cálcico de la piedra y lo pica, literalmente. El granito, con un 0,2-0,4%, tampoco sale indemne de una guerra de líquidos, pero al menos no se rinde a la primera de cambio.
Los profesionales ya votaron (y el mármol perdió)
Todo esto que dice David López no es una opinión aislada de un profesional con pruritos estéticos. El Informe Anual de Tendencias de Cocina 2026 de la National Kitchen & Bath Association, publicado en septiembre de 2025 con la participación de más de 600 expertos del sector, pintaba un cuadro que muchos ya intuían: el cuarzo es el material elegido por el 78% de los profesionales consultados. La cuarcita, con un 62%, le sigue de cerca. El granito, pese a haber sido el rey indiscutible durante décadas, convence al 43%. Y el mármol se queda en un modesto 23%.
Pensad en esto: de cada diez arquitectos, diseñadores y contratistas encuestados, siete y medio no pondrían mármol en vuestra cocina aunque se lo pidierais de rodillas. No es que la piedra haya dejado de ser bonita. Es que el sector ha encontrado alternativas que hacen lo mismo (o casi) sin el dolor de cabeza. La propia Decoesfera ya apuntaba en octubre de 2025 que el mármol se rezagaba frente al cuarzo y la cuarcita, y la tendencia no ha hecho más que confirmarse.
Foto de Zac Gudakov en Unsplash
136.000 millones de razones
El mercado global de encimeras se valoró en 136.190 millones de dólares en 2025, según Fortune Business Insights. Mordor Intelligence, por su parte, apunta que el granito mantuvo una cuota de ingresos del 33,65% en 2025, pero que el cuarzo de ingeniería es el segmento con mayor crecimiento proyectado. El mercado específico de encimeras de cocina se estima que pasará de 251.000 millones de dólares en 2026 a 330.380 millones en 2035. No son precisamente cantidades de bolsillo.
En España, el sector de cocinas facturó 90.110 millones de euros en 2024 y la estimación es llegar a 93.270 millones en 2025, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 3,5% (según The Business Research Company, citado por Focuspiedra). La encimera, por cierto, supone hasta un 25% del coste total de una cocina, y hasta un 35% si incluye isla. Es decir, que lo que elijáis para esa superficie no es un detalle menor: es una parte sustancial del presupuesto.
En cuanto a precios concretos, una encimera de granito nacional parte de unos 100-200 euros por metro lineal. El cuarzo compacto (Silestone y similares) arranca en torno a los 400. La piedra sinterizada (Dekton, Neolith) desde unos 350. El mármol se mueve en rangos similares al granito dependiendo de la variedad. La diferencia real no está tanto en el precio de compra como en el coste oculto de mantenimiento: el sellado periódico, las manchas que no salen, el desgaste prematuro que te obliga a cambiar la encimera antes de lo previsto.
El mármol no ha muerto: se ha mudado de planta
Lo más interesante de esta historia no es que el mármol sea un mal material. Es que la industria ha pasado años desarrollando alternativas que replican su estética sin sus problemas. Cosentino, el grupo español detrás de Silestone, ha impulsado la tecnología Hybriq+, que reduce la sílice en sus superficies (un problema grave de salud laboral en la industria de la piedra) manteniendo la durabilidad y la resistencia a manchas.
La piedra sinterizada, fabricada sometiendo minerales naturales a presiones y temperaturas extremas, ofrece resistencia excepcional al calor, a los arañazos y a las manchas, y permite formatos de gran tamaño que minimizan las juntas. La cuarcita, por su parte, alcanza una dureza de 7 en la escala de Mohs y combina la veta natural con una resistencia que el mármol nunca podrá igualar.
El ángulo que agranda el tema es este: lo que David López dice en su vídeo no es una recomendación personal caprichosa. Es el reflejo de un cambio de mercado que ya ha ocurrido. El mármol pasó de ser la opción por defecto a la elección de nichio, y los números del sector confirman que la transición no va a volver atrás. Cuando un material cae del 78% de preferencia profesional (que probablemente tuvo en su momento dorado) al 23%, no estamos hablando de una moda pasajera. Hablamos de un cambio estructural.
Y aquí viene el matiz que a López le gusta hacer (y que yo comparto): el mármol no ha muerto. Simplemente ha encontrado su lugar. En baños, donde el agua no se estanca y los ácidos son menos frecuentes. En chimeneas. En revestimientos de pared que nadie va a frotar con limón. La piedra que todos queremos en las fotos de cocina sigue siendo la misma de siempre. Pero cuando se trata de picar, cocinar, derramar y vivir sobre una superficie día tras día, los profesionales ya han decidido: hay opciones mejores. Sí y no, como casi todo en esta vida.
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