Seguramente has dejado el móvil cargando en la mesilla, al alcance de la mano para consultar la hora, apagar la alarma o asomarte a una notificación que entra a deshoras, parte de los gestos más automáticos del día, pero, según el experto en neurobiomecánica Rubens García lo tiene claro: "No cargar el teléfono o no dejar el teléfono en la mesilla de noche" tiene un "efecto bestial en la calidad del sueño", recoge ABC.
García, investigador del movimiento y creador del proyecto de divulgación Rmotion, lo formuló durante una visita al podcast Focus On, donde habló de pies, vista y descanso, declarando que la receta pasa por alejar el teléfono de la zona de dormir, ya sea llevándolo a otra habitación o dejándolo "a unos tres o cuatro metros de donde dormimos".
La idea es romper de raíz la costumbre de cogerlo a las tres de la mañana: si lo tienes lejos, no lo miras; si no lo miras, no le das a tu cuerpo la señal de que ya es de día. Si lo tuyo es usarlo como despertador, este consejo te toca sustituir el móvil por un reloj clásico, no solo apagarlo.
La explicación de García apela a los ciclos bioquímicos que enlazan el día y la noche: "Durante el día tu cerebro y tus sistemas preparan tu cuerpo para la noche, y durante la noche tu cuerpo se prepara para afrontar el día". El problema, según él, llega con la luz azul de las pantallas: "Solo 60 segundos de exposición a luz azul rompen completamente y le dicen a tu cuerpo: 'Eh, ya es de día'".
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Incluso con los ojos cerrados, añade, parte de esa luz se sigue filtrando por los párpados: "uno de los mayores generadores de estrés, de envejecimiento y de patologías es la ausencia de descanso".
Lo que dice la ciencia reciente
Si bien la advertencia suena contundente, la evidencia más fresca la matiza: una revisión de una década de estudios publicada en Sleep Medicine Reviews en 2024, concluye que el retraso máximo en quedarse dormido por culpa de las pantallas ronda los diez minutos.
El Hospital Clínic de Barcelona, a través de su unidad del sueño, lo explica así: las preocupaciones por la luz azul "han sido algo exageradas" y el problema real está en la actividad estimulante antes de acostarse y en la luz general del cuarto, no solo en la franja azul. Una razón de fondo es la intensidad: el móvil emite unos 40-80 lux frente a los 200-500 lux de una lámpara de techo, así que apagar la luz principal pesa más que filtrar el azul de la pantalla.
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Por qué sigue siendo buena idea. Si la luz apenas retrasa el sueño unos minutos, ¿por qué sigue sin ser buena idea tener el teléfono en la mesilla? Por lo que haces con él, no por lo que emite. Cogerlo a las cuatro de la mañana para mirar correo, redes o el resultado del partido activa el cerebro, dispara el estrés y rompe el descanso de una forma que ningún filtro azul arregla.
Por ello, la recomendación práctica coincide con la de García aunque el mecanismo sea otro: apagarlo una hora antes de dormir, dejarlo en otra habitación y, si te hace falta despertarte, recuperar el viejo despertador de mesa.
La periodista de una columna de Trendencias que lleva meses durmiendo con el móvil fuera de la habitación lo resumió desde su experiencia: lo que de verdad se recupera es tiempo y cabeza, además de la melatonina. La ciencia dice que la luz azul no es la bestia que nos vendieron, pero el gesto de alejar el teléfono sigue siendo, definitivamente, una de las cosas más baratas que puedes hacer por tu sueño.
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