Según Viajar de El Periódico, la presentadora madrileña de 39 años ha pasado los últimos meses instalada en el ojo mediático que acompaña siempre a la televisión de las tardes. Al frente de "El sótano club" en Ten, junto a Carlos Peguer, ha convertido cada emisión en un pequeño terremoto de titulares (la cadena le confirmó la renovación para septiembre justo antes del descanso veraniego). Pero entre plató y plató hay un lugar donde se le baja el volumen a la vida: un pueblo de la Sierra de Gredos que ni aparece en los mapas de carreteras más comunes y que ella pisa desde que tiene memoria.
Raíces de piedra. Nava del Barco no es un capricho de famosa que descubrió un pueblo bonito en Instagram. Es, antes que nada, el origen de su familia materna: la tierra donde su abuela vino al mundo y por donde su madre, Lucía Pariente, correteó de niña entre huertos y riachuelos.
Lucía Pariente pasó parte de su infancia entre esas calles empedradas, y ese vínculo se ha mantenido tan vivo que hoy sigue viajando al pueblo con frecuencia, reconocida por los vecinos como una más. Alba creció escuchando esas historias, pasaba los veranos jugando con sus primas en un entorno que poco tiene que ver con el ritmo de la capital, y heredó ese apego casi sin proponérselo.
Con el tiempo, decidió dar un paso más allá de la nostalgia familiar: adquirió una casa de piedra de dos plantas en el pueblo y la reformó conservando la fachada original, de muros anchos pensados para resistir la nieve, pero renovando por completo el interior. Y hoy, con esa casa convertida en punto de reunión estival, ha añadido a la cadena un quinto eslabón: su hijo Lucas, fruto de su relación con el expiloto Fonsi Nieto, que ya disfruta de los mismos veranos que disfrutó su bisabuela.
Así lo resumió ella en "Aquí la Tierra" (TVE): "Es el lugar donde nació mi abuela materna, donde tengo mis raíces". Ese gesto (comprar y levantar de nuevo la casa familiar) es la manera que ha encontrado de que la cadena no se rompa.
Canchales, gargantas y una laguna glaciar
¿Y qué hay en ese pueblo que hace que siempre vuelva? Nava del Barco no es un pueblo de llanura ni de postal amable de manual turístico. Está encajado en plena Sierra de Gredos, en la cabecera de la garganta de Galingómez, con robles, castaños y piornos que rodean el núcleo urbano y crean un microclima notablemente más fresco que el de Madrid. El terreno está salpicado de canchales (esas acumulaciones de piedras sueltas que el viento, la lluvia y el hielo han ido tallando durante siglos) y de gargantas de agua cristalina que en verano forman pozas naturales donde el agua baja directamente del deshielo de la sierra.
La gran excursión de la zona es la ruta de senderismo hasta la Laguna de la Nava, que recorre cerca de 15 kilómetros de ida y vuelta entre cumbres que superan los 2.000 metros. Las rutas de la zona confirman ese recorrido en los 14-15 kilómetros, con vistas de alta montaña y pozas de agua helada aptas para el baño en los meses de más calor. De ahí que el entorno se compare de forma popular, aunque sin denominación oficial, con "la Suiza de Ávila". Y Alba conoce estos parajes con el detalle de quien los ha recorrido desde niña (y con su habitual sentido del humor, ha contado en más de una ocasión que los canchales son también, de forma extraoficial, el rincón preferido de las parejas jóvenes para escaparse sin que nadie las vea).
Cómo llegar y dónde comer
Nava del Barco se encuentra a poco más de dos horas por carretera desde Madrid, en el suroeste de la provincia de Ávila, dentro del corazón de la Sierra de Gredos. El acceso más habitual pasa por El Barco de Ávila, punto de referencia de la comarca, desde donde parte una carretera de montaña que se adentra en el valle hasta llegar al municipio. Con apenas 81 habitantes según los datos del INE de 2025, es uno de los pueblos más pequeños de la sierra, y buena parte de su atractivo está precisamente en esa escala reducida: calles empedradas, casas de piedra vista y un silencio que sólo rompen los riachuelos y el ganado.
La Galamperna, el hotel rural del municipio, es referencia local con Julián Jiménez al frente de los fogones. Sus arroces con níscalos y su carpaccio de boletus, elaborados con setas recogidas en el propio entorno, resumen bien el espíritu de una cocina de temporada y kilómetro cero. Por supuesto, también hay sitio para productos locales como las manzanas de Nava del Barco, muy apreciadas por su textura crujente en toda la comarca o los judiones típicos de El Barco de Ávila.
Es decir: guisos contundentes, carnes de la zona y migas con huevo conviven con productos de huerto en un abanico gastronómico limitado por el tamaño del municipio, pero suficiente para entender la cocina de la sierra abulense.
Fotos de Alba Carrillo | Wikimedia | Antonio García | gamusino azul
En Compradicción | San Salvador del Valledor, un paraíso para el disfrute de la aventura
En Trendencias | Los 5 cortes de pelo corto que rejuvenecen y favorecen a partir de los 50: del 'bixie' al 'bob'
Ver 0 comentarios