El cardiólogo argentino Jorge Tartaglione tiene una advertencia sobre la costumbre de cocina casi universal de meter el táper de plástico al microondas para calentar la comida: "Tratar de no meter en el microondas cosas de plástico, porque tienen microplásticos", resumió en su columna "Malas costumbres cotidianas" en LN+, según recoge La Nación en su sección de Sociedad.
Pero también añadió: "cada uno de nosotros en nuestro organismo tenemos gran cantidad (de microplásticos) que impactan en la salud". La advertencia se mantiene incluso para los envases que vienen etiquetados como aptos, y para el experto, su reemplazo preferido es el vidrio: "tener recipientes de vidrio para poner dentro del microondas es mejor, si son aptos para calor".
Y la advertencia del experton no es una impresión del cardiólogo: un estudio publicado en Nature Medicine por un equipo de la Universidad de Nuevo México detectó microplásticos en cerebros humanos, a concentraciones más altas que en otros órganos, y con un aumento del 50% en los últimos ocho años.
Según recogió BBC Mundo, un solo recipiente de plástico puede liberar hasta 4,22 millones de microplásticos y 2.110 millones de nanoplásticos tras tres minutos de microondas. Es decir: el plástico caliente y la comida se llevan bastante mal.
La etiqueta no es garantía
Un informe de Greenpeace revisó 24 estudios científicos sobre comida precocinada: tras cinco minutos de microondas, los envases liberan entre 326.000 y 534.000 partículas en los alimentos, hasta siete veces más que en el horno. La organización detecta en plásticos más de 4.200 sustancias químicas peligrosas (bisfenoles, ftalatos, PFAS, las llamadas "sustancias eternas", y metales tóxicos), y 1.396 de ellas ya detectadas en cuerpos humanos.
Para Greenpeace, las etiquetas de "apto para microondas" no son más que 'fantasías': "estamos siendo expuestos a un cóctel de microplásticos y sustancias químicas peligrosas", resume la organización. El sello sólo dice que el envase aguanta el calor, no que no libere partículas.
Tartaglione apunta al vidrio y a la cerámica. Directo al Paladar afirmaba que los plásticos liberan ftalatos y bisfenoles al calentarse, y de que el sello "apto" no equivale a inocuo. ¿Qué hacer en casa? Reservar el plástico para frío y seco, y pasar al vidrio para lo caliente, aceitoso o ácido. Si el táper está rayado o desgastado, mejor jubilarlo: según el informe de Greenpeace, el plástico viejo libera casi el doble de partículas que uno nuevo. Conviene, además, sustituir el film por una tapa de silicona o por un plato vuelto del revés (el truco de toda la vida).
¿Va a cambiar la norma? El Parlamento Europeo pidió en diciembre de 2025 a la agencia europea EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) una opinión científica sobre los riesgos de los microplásticos en alimentos, agua y aire, y el Eurobarómetro de 2025 ya sitúa esa preocupación en el 63% de los europeos.
Por supuesto, ningún país ha prohibido todavía los plásticos en microondas: la advertencia corre por cuenta del consumidor. Hasta que la agencia se pronuncie, lo de Tartaglione no suena a exageración.
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