La factura de la luz no baja de cabeza en casi ningún hogar español. Y aunque el precio del kWh manda en el recibo, los hábitos y los aparatos de cada día pesan casi tanto como la tarifa contratada.
Un divulgador especializado en energía, en un vídeo difundido en redes bajo el alias @pulsosolarrenovables, repasa los aparatos que más disparan el consumo en casa y los que, en el extremo opuesto, ahorran de verdad.
Su mensaje es claro.
La secadora, en el primer puesto. Práctica en invierno o en pisos sin espacio para tender, reconoce que es "de las que más gastan en cada uso". No es exageración: según la OCU la secadora encabeza el gasto eléctrico mensual en muchos hogares, con un consumo medio de 2,1 kWh por ciclo, algo menos de 0,54 € cada vez que entra en marcha. Tres ciclos a la semana y ya son casi 330 kWh al año.
El termo eléctrico, en silencio. Otro devorador discreto. Al pasar muchas horas encendido para conservar la temperatura del depósito, puede llevarse una parte importante del recibo si no se regula bien o si su capacidad queda grande para la vivienda. Bajar el termostato a los 55-60 grados y apagarlo en ausencias largas suele ser la receta más eficaz.
El calefactor eléctrico. El clásico aparato que calienta una habitación en minutos, pero cuya potencia suele ser alta. Un modelo estándar anda por los 2.000 W. Su uso continuado sube la factura de forma notable, sobre todo en los meses más fríos, cuando se convierte en compañía de fondo en pasillos y cuartos de baño.
La vitrocerámica, en la cocina. El experto la señala como "una de las que más consume en toda la casa". Su consejo práctico: aprovechar el calor residual tras apagar y ajustar el tamaño del recipiente a cada zona de cocción para no malgastar. Una olla pequeña sobre una zona grande es dinero que se escapa.
Y la tarifa, sin optimizar. El vídeo llama la atención sobre un punto que muchos pasan por alto: pagar el mismo precio a todas las horas, sin adaptar el contrato a los hábitos del hogar, puede suponer un sobrecoste importante. Una "tarifa sin optimizar" hace que "te cueste más de lo que crees", avisa. Revisar las condiciones del contrato al menos una vez al año sale tan rentable como cambiar de electrodoméstico.
Foto de Lotus Design N Print en Unsplash
Lo que sí conviene tener encendido
El aire acondicionado importa, pero no solo por cuánto tiempo está en marcha. Importa también por la temperatura. Bajar de 24 grados dispara el consumo: lo razonable en verano, según el IDAE, está entre 24 y 26 grados. Cada grado por debajo de 24 se nota en el recibo, zanja el divulgador. Fijar 25 grados es el equilibrio entre confort y bolsillo.
Frente a los aparatos que se ceban con la factura, otros juegan en el bando contrario. La aerotermia, de la que afirma que "es de los sistemas más eficientes que existe para climatizar tu casa", aprovecha la energía del aire exterior para dar calefacción, refrigeración y agua caliente con mucho menos gasto eléctrico que los sistemas tradicionales. El IDAE lo corrobora: por cada kWh eléctrico, la bomba de calor transfiere entre 2 y 4 kWh de calor al interior. Más rendimiento por cada euro.
Las bombillas LED cierran el grupo de las recomendadas. Bajo consumo, vida útil larga y un recorte limpio de la factura frente a las antiguas incandescentes y halógenas. Sustituir las antiguas por LED puede recortar la partida de iluminación doméstica en torno a un 80%.
La pregunta que queda botando es si merece la pena revisar la tarifa y los grados del termostato antes de plantearse cambiar de electrodoméstico. Casi siempre, la respuesta es sí.
Foto de PlanetCare en Unsplash
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