Que Extremadura sea sinónimo de dehesa y de llanura al sol es uno de esos tópicos que no se caen, aunque el mapa esté lleno de desmentidos. En el norte de Cáceres se esconde Las Hurdes, una comarca de valles profundos tapizados de robles y castaños, salpicada de alquerías de pizarra.
Gargantas y cascadas por todas partes: hay quien llama a esto, según recoge la sección Viajar de El Periódico, la Selva Negra de España: ocupa el extremo norte de la provincia de Cáceres y roza la Sierra de Francia, esa comarca montañosa del sur de Salamanca.
Lo de las dehesas infinitas se queda en la imaginación: aquí arriba hay bosques frondosos y laderas dibujadas en bancales de piedra, con el agua siempre a la vista. Un paisaje que, por momentos, te traslada al norte de España o directamente a Centroeuropa.
¿Y por qué nadie la visita, si la postal es esa? Lo que la mantiene alejada de las masas (lejanía, curvas, aldeas pequeñas) es justo lo que ha conservado una autenticidad que ya casi no se encuentra. La región figura entre las zonas de naturaleza mejor conservadas de toda la provincia. Y eso, en la España de los puentes, vale oro.
El meandro del Melero, la postal más icónica de Las Hurdes no es un pueblo, sino una curva perfecta de río: el meandro del Melero es una herradura de vegetación que ya querría la Selva Negra alemana para su catálogo, convirtiéndose en la imagen con la que la comarca se presenta ante el mundo.
La herradura la dibuja el río Alagón a la altura de Riomalo de Abajo, una alquería del municipio de Caminomorisco que se contempla desde un mirador al que se llega a pie en un paseo corto, poco más de cinco kilómetros ida y vuelta desde la piscina natural del pueblo (sí, para bañarse antes o después), tal y como describe la ruta al mirador de la Red Extremeña de Desarrollo Rural, que avisa de que la belleza del sitio es espectacular en cualquier estación del año. Es decir, que no hay excusa de calendario.
Cascadas a pleno rendimiento
El Chorro de la Meancera está a un kilómetro de la alquería de El Gasco y se deja ver con un paseo de baja dificultad que arranca en la plaza del pueblo. La caída supera los 100 metros y, ojo, en los meses de lluvia despliega todo su esplendor. Con el caudal potentísimo de las estaciones húmedas, entiende uno por qué le echan la palabra selva a esto.
¿Menos esfuerzo? Pues el Chorrituelo de Ovejuela, otra cascada de la comarca a la que se llega con una ruta de senderismo sencilla desde su propio pueblo. Zapato cómodo y a otra cosa (que no todo el mundo sale de casa para sudar).
La comarca se reparte en seis municipios (Caminomorisco, Casar de Palomero, Ladrillar, Nuñomoral, Pinofranqueado y Casares de las Hurdes) y una cuarentena de alquerías tradicionales que sólo se alcanzan por carreteras de montaña.
¿Los más fotogénicos? El Gasco, Riomalo de Arriba y Casares de las Hurdes, los tres mejores ejemplos de arquitectura tradicional de pizarra, esa manera de construir con piedra seca que la Unesco inscribió en 2018 en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial.
Que nadie espere catedrales: el plan hurdanero es caminar entre bosques, acabar el día junto a una garganta y regresar con la memoria llena de aldeas de tejados de piedra. Diario del Viajero contaba ya cómo ordena el paisaje del agua la comarca entera, y de paso presentaba el valle del Malvellido como el valle habitado más angosto de Europa.
Ahora bien, lo que puede cambiar de verdad la escala de la comarca viene de la mano de la Unesco: en enero de 2026, durante la Feria Internacional de Turismo de Madrid, se presentó formalmente la candidatura de Paisaje Cultural de Las Hurdes para la lista de Patrimonio Mundial: los bancales de pizarra, una red de terrazas agrícolas con muros de piedra seca construida entre la Baja Edad Media y el siglo XX, explican desde ADIC-Hurdes, la asociación que la impulsa junto a los ayuntamientos de la comarca y a las instituciones provinciales y autonómicas.
"Esta candidatura es un reconocimiento al esfuerzo de generaciones de hurdanas y hurdanos", celebra José Luis Azabal, presidente de la asociación, que advierte de la despoblación y del abandono que amenazan los bancales. Pero el paso siguiente es entrar en la Lista Indicativa de España, el filtro previo antes del Comité del Patrimonio Mundial. De conseguirlo, el aislamiento que mantuvo a Las Hurdes fuera de los circuitos sería, por fin, el argumento que la meta en el mapa de todo el mundo.
Fotos de Jose DOMINGUEZ NUÑEZ HERRADOR | Aladio Guerrero | Javier Fernández Pérez
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